Mis castigos

23 septiembre 2011

De pequeño me castigaron por pegarle a un niño. Nadie me explicó que aquello que yo había hecho estaba mal, ni se preocuparon en saber por que lo hice. Simplemente me bajaron un curso durante un día. Me pusieron con los más pequeños y a la hora del pipí la señorita nos ordeno en una fila para abrirnos la bragueta y ponernos a mear. Yo ya sabía hacerlo solo pero estaba castigado por que aquel niño al que le pegue había intentado quitarme el bocadillo, así que me calle. Aún hoy recuerdo que me sentí humillado por que me ayudaron a hacer algo que yo ya sabía. Se que es una tontería pero me preocupaba más eso que el haberme llevado una condena por aquel ladrón.

Más tarde, aún siendo niño, había interiorizado el castigo. Domesticado pedí que no llamaran a mis padres cuando otro compañero me acuso de quitarle su juguete, preferí dárselo por que ellos no sabían que yo tenía aquel muñeco y pensé que me regañarían. La señorita, de verdad creyó que yo se lo había intentado quitar y le devolvió mi hombre desmontable.

Con el tiempo me he ido deseducando todo lo que he podido, he alejado de mi los castigos e intento escuchar para que el único recuerdo de mi infancia no sea ese. No he conseguido recuperar nada más de aquel naufragio pero me estoy construyendo una balsa para seguir escapando.

LaRataGris


La Bolonia con sangre entra

21 marzo 2009

La Bolonia con sangre entra

Hay verdades enganchadas a la vida con pegamento instantáneo. Se han conservado a lo largo de tanto tiempo que ya nadie se plantea si aún siguen siendo ciertas o ya ha cambiado el viento. Por eso las aplican sin más. Es un instinto, sólo que enseñado desde nuestra más tierna infancia.

-Mamá, ¿puedo…?- y no hay final de frase. Sólo se escucha un “No”, seco y rotundo. Si alguna vez se te ocurre replicar- Pero, Mamá, si aún no sabes qué te iba a ped….- Y en esta ocasión la negación está acompañada de lo que se ha de suponer es una explicación “Que te he dicho que no, a ver cómo te tengo que decir las cosas para que te enteres”

Prolongas la situación en el tiempo, vas generando peticiones que no son escuchadas. Acumulas negativas y llega un punto en el que sabes que el mundo es algo loco que no atiende a razones, sólo comprende las verdades enganchadas a la vida con pegamento instantáneo. Como esta realidad que nos quieres vender, te voy a explicar por qué no nos gusta:

No queremos el Plan Bolonia porque es una forma de privatizar la universidad pública.

Tampoco aceptamos una “beca” que, en realidad, es un crédito con el que hipotecan nuestro futuro.

Queremos….-Pero una porra seca y rotunda acalló el discurso, sin querer escuchar.

LaRataGris.


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