Cultura a cualquier precio

19 junio 2013

cultura  a cualquier precio


Todas las costumbres

12 junio 2013

Un día Moritz se despertó un poco más tarde, aunque no lo parecía. La habitación continuaba a oscuras, entre las rendijas de la persiana no se filtraba ni el más tenue rayo de luna, como si fuera se hubiese apagado completamente el mundo. Un ligero vaivén acunaba la estancia, igual que les pasa a las cajas que cuelgan de las grúas del puerto antes de llegar a su barco. Desorientado y con el dolor de cabeza de haber tomado algo que no recordaba se acercó a la ventana para ver como tras los cristales solo había una pared de madera envolviendo a la de ladrillos.

De repente un golpe seco, plock, y dejo de moverse. Luego más ruido y en apenas unos segundos retiraron los maderos, volviendo a dejar la habitación conectada a una casa pequeña y desordenada. En ese mismo instante sonó el timbre de la puerta como si alguien hubiese estado toda su vida esperando aquel momento, Perfectamente sincronizado. Dos hombres de la compañía le tendieron la mano, una carta y una sonrisa de compromiso.- Señor Moritz,- ni tan si quiera le permitieron contestar- la empresa ha decidido su nuevo puesto de trabajo. Tiene postales en la habitación azul para despedirse de sus antiguos amigos y familiares. Si no le interesa su actual ubicación puede comprar un ticket de regreso y nosotros mismos rellenaremos el hueco de su inestimable presencia. La compañía le quiere a usted pero con el dinero adecuado puede pagar su libertad- e inmediatamente desaparecieron como por arte de magia.

Moritz cerró la puerta y miró por la ventana que hace un momento solo mostraba nada.- la misma nada,- pensó- una zona industrial de cualquier parte del mundo, con gente a la que no me apetece conocer. Entrega urgente- Se dijo con tristeza- solo soy mercancía a la que cambiarle todas sus costumbres.

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Vidas en blanco

22 mayo 2013

Vidas en blanco


Panegírico de victorias

22 abril 2013

Borracho de palabras golpeó el papel hasta que la tinta manchó la hoja blanca. Clavo una y otra vez la pluma, rasgo la suave piel de celulosa sin darse cuenta que, su furia, no explicaba ninguna historia de final feliz. Era su animal tatuando gruñidos ininteligibles, era su derrota fingiendo ganar tiempo. Cuando acabó con aquel texto desordenado los acentos sobresalían como costillas rotas entre palabras sin sentido. Cercenó las faltas ortográficas del cadáver que acababa de construir, luego arrugo la hoja. Se le clavaron las astillas negras de letras entrelazadas- Mierda.- Le gritó al papel mientras lo golpeaba de una forma absurda.

- Muy maduro- le recriminó la sombra.

- Que sabeas tu- escupió sin siquiera girarse.

- Se que deberías venderlo.- le dijo con indiferencia- Ya no nos queda nada por culpa de tu orgullo.

- Cof, cof- la tos empezó a intensificarse mientras su obra ardía en cenicero de cristal- los caníbales- recitó- no se comerán mi alma.

- Eres un imbécil- sentenció escondida- Nos devora el hambre pero tu sigues pudiendo violar a tus textos hasta destrozarlos por que nadie te paga por ellos, eres mucho mas que un imbécil.

- Tampoco te he visto a ti salir a cazar mamuts últimamente- Fue su única contestación antes de comerse las cenizas de la víctima.- todos quieren poetas para sus panegíricos, todos necesitan bellas palabras.- luego eructo.

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Lujos cotidianos

13 marzo 2013

Lujos cotidianos


Crear dinero

11 febrero 2013

La pequeña empresaria, pero de ideas grandes, pensó que -la verdad, para lo que vendo, para lo poco que gano- que apenas le llegaba para las casas, los coches, las fiestas y el resto de plurales- quizá es mejor dejarlo todo, puede que buscar otra cuota de mercado.

Ya tenía los pisos, la infraestructura y- los profesionales tendrán que reeducarse.- Solo le fallaban los compradores que se habían venido abajo por no saberse adaptar al nuevo mercado. Ella encontraría la forma de encauzar sus limosnas. – Tal vez pueda ganar un poco, menos de lo que conseguía, pero ganar al fin y al cabo.

Invirtió en anuncios, paseo por las calles voceros y prometió, por muy poco, el recuerdo de los antiguos lujos: No creas que por vivir en la calle no puedes gozar los privilegios perdidos. Solo te costara un euro revivir el pasado, un euro y medio la visita guiada. Ven a nuestros pisos-museo y respira la opulencia que te quitaron.

En apenas media hora repartiría apariencia de felicidad a precios de risa.- A los emprendedores jamas nos faltara nada-. Acarició la idea y abrió su negocio al hambre ajena.

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Migraciones fiscales

5 febrero 2013

Migraciones fiscales


Exodo a la realidad

18 octubre 2012

 

Exodo a la realidad


Un año de vacaciones

27 julio 2012

Un año de vacaciones


Las fórmulas caducadas

14 febrero 2012

Mosca no sabía cómo había entrado. Seguramente pasó por una pequeña rendija, una puerta que se abrió y cerró en apenas un segundo y se la comió. Quedó atrapada en un lugar tan grande que podría haber fingido que era un mundo nuevo por descubrir. Pero, claro, aquel planeta estaba rodeado de cuatro paredes, le pesaba un techo y no corría aire o luz. Allí no podía ser feliz. Se sentía extraterrestre colonizando una tierra yerma, sin oxígeno ni las condiciones adecuadas para crearlo.

La única ventana que parece mirar el cielo azul esta protegida por un campo de fuerza invisible para mosca. Una vez y otra vez se lanza como una kamikaze, chocando la cabeza contra un enorme catacrok que no la lleva a ninguna parte.

Decide trazar planes distintos; coger carrerilla y estamparse en línea recta, zigzagueando, entrando en diagonal… da lo mismo, siempre llega a ese punto en el que vuelve a destrozarse contra la fría membrana que la retiene, siempre tiene que volver a gritar de rabia mientras busca otras formas de ir directa contra el cristal.

Mauricio la mira en sus intentos vacíos y, al final, conmovido, decide ayudarla. Atontada por los golpes es fácil de atrapar y enviarla con la fuerza, que ella no tiene, contra el mismo punto cerrado con idéntico resultado. No se desanima, motivado por la perseverancia de la mosca se inventa una forma de darle más impulso, algo loco que no parece que vaya a funcionar hasta que, montado, se sorprende con su complejidad. Tres tirachinas que rebotan, que activan un mecanismo basculante bajo el peso de mosca que, gracias a los innumerables cálculos, irá incrementando su velocidad y fuerza de manera exponencial, hasta poder traspasar la ventana.

De nada sirven los gritos de su madre pidiéndole que abra la puerta, Mauricio prefiere hacer variantes sobre el sistema contrastado. Así son las cosas que no le dan miedo, la mosca tendrá que seguir dándose cabezazos con la misma intensidad con la que los gobiernos rescatan bancos… hasta el fin de sus días.

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