El hombre de dos corazones

18 enero 2013
ilustración de Maria Jose Daffunchio.

ilustración de Maria Jose Daffunchio

Hay una historia, tal vez dos, que hablan de ella. El resto, los enlaces con otros seres vivos, se han ido borrando en el mar de la poca importancia. En su vida se había cruzado con demasiadas personas irrelevantes, casi tan insignificantes como ella misma, y nadie había guardado algún recuerdo de sus encuentros. Así, si alguien se  interesaba, tenía que leer la historia en su viva voz, escuchar todos los laberintos recorridos hasta llegar al momento de su no muerte. Pero, ¿quién sabía de ella? ¿Quien le preguntaría por su no existencia?

Solo él. Tal vez recordase un algo, una anécdota, un beso furtivo que aun no ha malgastado, o caricias que no se confundan con otras caricias. Si es así no lo demuestra; baila sobre el mundo como si nunca hubiese coincidido con aquella sombra. Tiene dos corazones pero que importa quién se lo regalo o si aquellos besos son de otro, le alegra en los días grises y eso es suficiente. El nombre de la que fuera su dueña tanto da si ya no le pertenece, si puede venderlo por otro cualquiera más joven y fresco.

A veces, ella, fingía ser un alguien que no habitaba en su interior. Se daba importancia para que la mirasen y escribía capítulos que podían ser vagamente recordados. Pero no era su historia, era una obra de teatro en la que aparentaba conservar un corazón latiendo la misma pesadumbre, marcando los mismos silencios y amarguras. Esos días era poca la realidad que se le escapaba de entre los labios. Dibujaba un corazón sobre cartón grueso y lo pintaba de fuego antes de colgarlo bien visible en la solapa, que todos pudiesen respirar su personaje y lo quisieran aún sin conocerla. Cuando terminaba la pantomima quemaba su disfraz sobre el viento, para que una de las dos pudiese paladear la libertad, luego se condenaba a media vida de no coger las llamadas, enviar el spam a la papelera y a escribir una y mil veces ” Jamás volveré a salir de mi mundo”. Cuando vuelven a olvidarla construye otro pequeño poema sobre el cómo hacer llevadero lo insoportable. – Estas loca- por eso se fue. Se marchó llevándose hasta el hueco de su dolor. Llegó tan lejos que, a tanta distancia, solo podía odiarle- No me busques.

Las noches de luna llena el hombre lobo era amable- Ven- y ella rechazaba sus, para los tiempos que corren, buenas intenciones.  Solo quería comer un poco pero ella era demasiado complicada. Tenía que esperar la dulce muerte y no tenía tiempo de llorar otros huesos. Siempre que la segadora llamaba a su puerta era buscando a alguien con un corazón prendido a la solapa.- Los fantasmas- solía explicarle- no me pertenecéis.- De nada servía que insistiera en ser la misma chica, la muerte se iba sola, sin encontrar a la difunta adecuada.

Alguna vez estuvo tentada de no borrar el disfraz, dejarse atrapar por el frío toque. Pero no soportaba la idea de que alguien reconociese el cadáver de quien no era o, más bien, que no supiese el hombre de dos corazones a quien pertenecía. Aun esperaba que entrasen sus dos latidos para poder fundirse, jamás regresaba. – Sabes- un día la muerte tuvo un ratito- Llevo siglos viniendo a por tus extraños compañeros de piso. Nacen y desaparecen por arte de magia. Nunca puedo matarlos y tu quieres que te coja a ti por ellos, eres muy rara. No creo que vuelva nunca más por aquí a perder el tiempo.- También se fue el hombre lobo enamorado de la libertad. No le Prohibió seguirle pero ella tenía la cabeza perdida y no se dio cuenta. Tampoco le prometió no regresar. Se llevo la mano al pecho agujereado y sintió el recuerdo de una palpitación que pugnaba por volver a llenarla. Cogió tijeras, cartón, pintura y un imperdible. Escondió su vacio tras la manualidad y miro a su alrededor, no había nadie. En la calle la gente parecía ignorarla- son ciegos- le dijo el viento.

- Entonces, tu- pero se marcho deprisa por que no quería cuentas con ella. Había visto demasiadas veces como se había dejado amar con un capricho y luego había desaparecido, todos los ciegos lo habían visto. Nadie se le acerco y aquella noche durmió sola. Lo intento un par de veces más antes de escribir su nombre con cuchillas por todo el cuerpo. Pero ella cumplió su palabra, no apareció.- Llamas a la muerte equivocada- le dijo la puerta cerrada- ella no vendrá. Ni ella ni al que deseas- luego perdió un poco más la cabeza y se sentó a no esperar nada.

Cuando volvió el hombre lobo solo fue una pequeña visita por los viejos tiempos.- sigh, niña mía, que hambre me vas a hacer pasar, que bonito corazón de papel se te pudre a los pies. ¿Me lo dejaras comer esta vez?- con una risita juguetona le dijo que no- Bueno,- se conformo el animal- tampoco sería suficiente para saciarme, es pequeño como el de verdad. Busque a tu amigo para ver si él me dejaba arrancárselo.- De repente ella comprendió el horror y escribió el pánico de lo que pensaba en su rostro- oh, no te preocupes. Fui a matarle pero ya estaba muerto cuando llegue, ha pasado demasiado tiempo para únicamente dos corazones. Yo quería liberarte de su carga pero tú ya eras libre, no te hacía falta.

De repente ella había contado todas sus arrugas, había sumado los años, la espera y, todo, pareció demasiado para este final.- ¿está muerto?- susurro. Pero eso ya no iba a cambiar nada.

LaRataGris


Un día sin pan

13 noviembre 2012

Tenía su cajita de puros, un buen vino a la hora de comer y la sonrisa de dormirse viendo un trepidante partido de fútbol. Pocas piezas más necesitaba su vida. Dejar que el puzzle encajase a su manera, así era feliz: no preguntaba, no se quejaba aunque a su alrededor lamentase como ivan cayendo los amigos. Parados, en ere, recolocados, en el mejor de los casos, en un trabajo de mierda siendo mierda… les consolaba, abrazaba y asentía sus penas sin que realmente fueran con el. – tengo tabaco- pensaba- alcohol y deporte. Yo estoy cubierto si me se comportar. Esta todo calculado-. Todo implicaba no protestar, cumplir con sus horas y saber decir amén cuando la situación lo requería. Había planificado su sueldo, cada céntimo tenía un lugar exacto, su vida se había construido siguiendo las directrices homologadas, las ideas adecuadas. Sus respuestas fueron las de un cualquiera ¿tienes frío?- solo en invierno- ¿ bailas?- hasta con la más fea- ¿y la huelga?- no me la puedo permitir.- Dos paquetes de tabaco, una botella y las entradas para uno de sus grandes eventos eran demasiado, necesitaba todo aquello para soportar una rutina descorazonadora. Un día queriéndose era mucho más de lo que podía soñar,- no puedo permitirlo, no puedo- y, sin embargo, tanto repetírselo era un síntoma de lo mucho que lo necesitaba: por no cobrar lo suficiente, por la escasa libertad al decidirlo.

LaRataGris.


Inter-cambios

20 septiembre 2012

Inter-cambios


El héroe invicto

3 julio 2012

Andres se había esculpido la resignación del que triunfara. Ahogaba sus días en una vida aburrida, a la espera de la próxima aventura que le rodearía hasta hacerlo crecer. Tenía una habitación vaciá para todos los recortes de periódicos que hablarían de sus hazañas. Un cómodo sillón sería su descanso de tanta lucha y ajetreo, cada día comprobaba que no se deteriorase, se sentaba a envejecer solo y cansado. Los tiempos mejores estaban por llegar.

Rara vez sonaba el teléfono. Le gustaba escuchar su timbre antiguo, estridente, monocorde. Imaginaba su oportunidad, soñaba que no la desaprovechaba mientras dejaba que el molesto ruido se fuese apagando en la sala a oscuras. Nunca salía por miedo a que ese fuese el momento en el que la vida le iba a sonreír y, si alguna vez se veía obligado a dejar la casa, siempre regresaba mirando el número de mensajes del contestador; con uno solo sonreía y se sentía tan feliz antes de borrarlo sin escucharlo. Su móvil recogía polvo sobre la mesa, rompía las cartas nada mas recogerlas, borraba los e-mails pensando que el que destruía era el definitivo, sin perder la ilusión de saber que ese era su momento pero el no había fracasado al intentarlo.

LaRataGris


Mi vida en deposito

18 junio 2012

Eran malos tiempos para respirar, ya ni imagino comer o sonreir ligeramente con chistes sin gracia. Aún así me duermo soñando con sobrevivir, con cosas que cambian sólo por que no es decente que te traten como a un perro desahuciado. Dejo mi vida en deposito en una casa de empeño que me da treinta días para recuperarla y, a pesar de los momentos bajos, me entristece ver lo poco que ofrecen por mis recuerdos y los segundos más felices.

En un mes mal venderán todo lo que no halla podido rescatar y entonces, sin vuelta atrás, desapareceré lenta y dolorosamente. Gasto mis ahorros temporales en ducharme y un traje nuevo para aparentar que no soy un indigente que no puede permitirse un trabajo. Me ofrezco donde no hubiese querido, solo es un bache que pronto dejare para ser el que era, pero nadie llama.

Pasado el plazo me siento a mendigar delante del escaparate donde muestran mis restos. Espero ver salir a alguien con una de mis reliquias, entrar a reclamar mi parte proporcional del trato y pagarme un buen entierro. Ni los que me compran parecen reconocer el despojo en que que me he convertido. Ellos también son fantasmas que no se pueden permitir una vida de marca. Con el mal tiempo revenderán todos los artículos adquiridos y, con cierta congoja, lo poquito de original que quede en su existencia, Cada vez a menor precio, por una fosa común y alguna oración sin sentido.

LaRataGris


Caídos

14 marzo 2012

caídos


La mujer cosida

26 diciembre 2011

La mujer envejecida empieza a ser una pesada carga para ella misma. Arrastra su cuerpo desgastado mientras el día la va desmontando. Apenas le quedaba carne sobre el esqueleto y su piel es una fina sabana cubriendo huesos desnudos.

Lleva una cesta de mimbre donde recoge las piezas que ya no pueden más; los flácidos brazos de extremos torpes y resbaladizos, la cabeza destrozada, las piernas frágiles.

Cada noche se arrastra hasta su madriguera donde a media luz se vuelve a coser. Lanza puntadas de hilo negro sobre tonos decolorados, añade cicatrices a todos sus suicidios y reconstruye un cuerpo de derrotas con los restos que le quedan de vida. Mientrastanto la televisión del usar y tirar zumba soluciones fáciles a su oreja. Le ofrece piezas nuevas de juventud y costuras invisibles. Plástico suave y reluciente- volverás a ser eterna- le acaba tentando-el doble de pechos si llamas en un instante-. Pero esta demasiado ocupada como para aceptar. Tiene su historia, penas y tristezas… derrotas de las que salir sin esconderse tras una mentira.

LaRataGris


Recuerdos de septiembre

14 diciembre 2011

Se acababan los últimos días de vacaciones, este año septiembre, y con ellos la felicidad de no tener obligaciones. Me sentaba a respirar y nadie venía a molestarme.

Irene me preparaba una fiesta sorpresa. Se movía ligera, marcando números en su teléfono de forma descuidada, casi al azar. Mantenía un ojo constante en mi despiste y otro en el móvil, portátil, portátil, móvil… Mi cometido era hacer ver que no sabía nada, ignoraba sus idas y venidas, esquivando la mirada para que mi posterior asombro fuese algo más convincente. Al día siguiente era mi cumpleaños pero el futuro nunca llegó. De repente era un octubre de prisas y volver al trabajo.

El treinta y uno de septiembre había desaparecido sin que nadie pareciese darse cuenta. No estaba en ningún calendario, se habían esfumado todas sus horas y nadie las iba a reclamar, yo tampoco. Supuse la borrachera, el olvido y me fui a trabajar con mucho mono por más vacaciones.

Pasaron los correspondientes trescientos sesenta y cinco días sin volver a pensar en lo que no había sucedido. Crujimos las hojas de otoño, bailamos los vientos fríos del invierno, la lluvia de primavera nos floreció y en verano la noche se tejió de aromas a jazmín mientras mi cumpleaños seguía desaparecido. Cinco años y la vejez continuaba eludiendo mis recuerdos. Empecé a creerme loco, había memorizado todas las listas inútiles de la niñez; no podía olvidar el dolor, los reyes godos y los ríos de españa… pero no conseguía retener una pequeña anécdota de un día cualquiera. Decidí obligar a mi mente. Busque por hemerotecas, en grabaciones antiguas,… hablaba con todo el que me quisiese escuchar y… nadie sabía decirme nada del treinta y uno de septiembre. Me lo tenía que haber inventado, seguramente nací el día de antes, el último del mes al fin y al cabo.

Irene me dio la razón en seguida. Llevaba más de un lustro organizando una fiesta que nunca empezaba. Ya ni enviaba las invitaciones, se limitaba a decirme que haríamos algo, me explicaba todo lo que había pensado para conseguir que fuera especial y después se deshacía de las ideas con una mueca invisible.- Esta vez será diferente-. Juntos recuperaríamos las tartas y velas que no habíamos disfrutado.

Guardé cada segundo, los amigos y abrazos. No quería ver como todo desaparecía un año más. Disfrute de cada acorde de la vida hasta bien entrada la noche nos fuimos a dormir sabiendo que por fin lo habíamos celebrado. Amaneció dos de octubre y volví a correr desesperado. Las estaciones de aquel año fueron ráfagas de un instante. Los meses eran anécdotas fugaces y, sin darme cuenta, era otra vez mi aniversario. El tiempo parecía replegarse sobre si mismo para reconstruir mis errores. Adelantaba acontecimientos cuando no los hacía desaparecer como ya paso con mis celebraciones. Mi día no parecía el único perdido. Cada vez más los doce meses se acortaban hasta que las cosas parecían suceder de un día para otro. Como si la humanidad olvidase las fechas no nos extrañaba empezar un mes el día cuatro, saltar al diez y terminarlo en veinticinco. El mundo se había vuelto loco, lo inamovible ya no estaba y lo real era cambio.

Un tres de enero la tele, los periódicos, las radios y el boca a boca no pudieron seguir fingiendo. No hablaban de otra cosa. Se habían regulado las edades a la nueva situación, los acontecimientos importantes se reestructuraban a marchas forzadas y el gobierno nos pidió un pequeño esfuerzo. Eramos jóvenes envejecidos de palabra. Vigorosos ancianos que veían el horizonte de la muerte muy lejano. Cada tres días volvíamos a crecer y así fue fácil que aceptásemos ampliar la edad de jubilación. El sistema no podía sostener una sociedad decrepita como la nuestra, eramos fuertes y podíamos seguir en nuestros puestos un tiempo más. Recalcularon nuestro retiro para cuando todos tuviéramos dos mil quinientos años, apenas una fracción de segundo. En nueve días llegaríamos a ser aptos para dejar de trabajar.

Una vez aprobado, y celebrado por todos, el tiempo volvió a su cauce. Se recuperaron los días perdidos, los meses y se añadieron algunos nuevos que convirtieron los siglos en años. Nos transformaron en carcamales sin fuerza que jamás podrían descansar. Crecíamos de una forma tan paulatina que pocos llegarían a los treinta años antes de morir. Eramos esclavos de los amos del reloj.

LaRataGris.


Recuerdos

1 diciembre 2011

Recuerdos


Billetes rápidos

20 septiembre 2011

Parecía estar en el mundo que le convenía. La vida le apetecía y si algo se rompía tenía dinero suficiente como para poder sustituirlo. Era un privilegiado disponiendo de esclavos a tiempo parcial, al menos hasta caer en la realidad. Lo empujaron sin piedad y lo destrozaron para que no quisiera volver. Los beneficios ya no podían aguantarlo y le sugirieron algo más acorde con sus nuevas posibilidades, tal vez una cuneta o un discreto bar de alterne donde ahogarse.

Sin hacer caso se pasaba el día llorando, contando cuantas existencias podrían haber sobrevivido con los caprichos de la anterior.

Su feng shui se desplomó sin poder pagarse un asesor adecuado. Sus amigos desparecieron con el saldo del móvil, no podía localizarlos y ellos no querían devolverle la llamada. Se quedaba solo mientras su antigua empresa, su hogar, improvisaba un nuevo déspota. Igual de eficaz pero treinta años más barato y maleable. El ya no podía seguir ese ritmo. Su edad no aceptaba cualquier trabajo y los importantes le rechazaban una y otra vez, igual que los que nunca hubiese querido, no le necesitaban.

Se refugió en los recuerdos del frigorífico lleno, los excesos y la rapidez. Con sus últimas monedas se compró un ticket de regreso pero le estafaron con la dosis y el viaje duró demasiado.

LaRataGris


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 105 seguidores