Desequilibrio

Miró a su alrededor, las cosas estaban en su sitio: el cielo, la tierra, las catacumbas sombrías del suicidio. Habló con sus amigos, abrazo el amor de su vida y distraído cantó de la misma forma en que respiraba.

– Que maravilla el mundo – se dijo sin convicción. Sabía que en realidad todo era mentira, una fantasía que no aguantaba la distancia. Y él, claro, había tenido que alejarse, adentrarse en la oscuridad, donde no existe alegría. No viajó kilómetros.

A veces en el barrio de al lado, en su propia calle, solo tenia que mirar apartando ligeramente sus ojos de la seguridad conocida. Miró a su alrededor, diez metros más allá las cosas estaban bien jodidas, desubicadas, desequilibradas.

-Que maravilla de mundo- se dijo ahora más convencido. Había apartado la niebla de la fantasía, ya no se engañaba, podía intentar cambiar.

LaRataGris

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