Jonathan se levanta, Jonathan se sienta; Jonathan se prepara una tortilla con harina de Garbanzos para cenar.
Jonathan baila, Jonathan se tira por el balcón sin saber volar.
– Agente, Jonathan.
– Comandante, Jonathan.
Los Jonathan se cuadran. Se saludan haciendo visera con la mano y el agente Jonathan sale del despacho.
Le han asignado el caso, el agente Jonathan investigara el aparente suicidio del ciudadano Jonatan.
La prensa cubre el caso, tapa las repercusiones para el presidente Jonathan pero este, al final, no puede con la presión.
-¿Señor, Jonathan? Jonathan de «la Gaceta milenaria» ¿Qué opinión tiene sobre el caso Jonathan?
Jonathan cierra los ojos, respira hondo y, cuando los vuelve a abrir, la sala continua llena de Jonathans, esperando su respuesta.
– Ha sido- traga saliva -. Ha sido un caso que ha conmocionado a toda nuestra comunidad. Jonathan no solo era un buen amigo. Él- respira-. Él era una parte importante de nuestra sociedad- aparta la mirada de los periodistas-. Se podría decir que no había nadie como él.
– Pero, señor, Jonathan…
– Discúlpenme – dice mientras se aleja-. No habrá más preguntas.
Jonathan se pierde por un pasillo mal iluminado mientras Jonathan se queda con la palabra en la boca.
Jonathan llega a su habitación. Jonathan se sienta, Jonathan se levanta, Jonathan encarga una tortilla para la cena.
– Como pueden ver los catálogos están llenos de niños perfectos – Varias páginas al azar mostraban sonrisas radiantes, inocencia,…la felicidad que la naturaleza parecía negarles-. El A-1O, A-15.2, A-26,… – no paraba en su niño estrella, siempre A-26, no era necesario-. Si no hay ninguno que cumpla sus expectativas podemos fabricarselo a medida. Indíquenos las características adecuadas y en un mes disfrutaran del hijo perfecto– Mientras, evidentemente, pensaba en el A-26.
Había quien lo señalaba nada más verlo; los padres más autoritarios preferían tener el control, lo describían como si surgiera de ellos; los inseguros se dejaban guiar. Su producto más demandado; en el noventa y nueve por ciento de los casos conseguía que, la libre elección, generase clones infinitos, que casi siempre se acababan llamando Jonathan.
Siempre hay una voz flotando en la habitación. Esta invasión de anuncios hace que el alquiler sea un poco más barato, que se puedan pedir medio centímetro más de casa.
Compra este coche, dice la voz melosa; Invierte en una apuesta segura o, la que hoy llena todas las habitaciones: ¿Alguna vez has pensado qué cambiarías de tí?
De una forma que parecería aleatoria las voces hablaban de gordas , narigudas, orejas de soplillo, fea, desgraciada, desaliñada y surte efecto.
Varios estudios le dan la razón: Se puede modificar el comportamiento del ser humano con los estímulos adecuados. La música adecuada, el tono justo y los insultos hirientes hacen mella.
– No quiero que nuestro hijo sea como yo – le dice acariciándose la barriga -. Tampoco como tú.
– Sería horrible – la abraza -, un baboso sin personalidad o una mangoneadora chillona.
-Tenemos que solucionarlo
Sin dejar de abrazarse, enamorados del concepto de perfección, le piden a la voz que marque el número de la compañía anunciante.
– No cogen – se asusta Ramón.
– No seas pusilánime – le recrimina Helena-. Estará la centralita colapsada.
Abrir y cerrar los ojos. Un segundo, un acto instintivo que repites una y otra vez: abres, cierras, abres, cierras…
Un día decidiste alargarlo: cierras uno, dos, abres; respiras y un poco más: cierras, uno, dos, tres, cuatro; tomas aire, abres.
Cierras media hora primero, una después, dos, tres y, finalmente, un día entero sin ver nada. Respiras, ecuchas, sientes y pasan dos días, una semana ciego, paladeando la vida. Aprendes a comportarte en todos los sitios nuevos. Abres, cierras y no regresas.
Otro día del libro, otro Sant Jordi, y otro cómic que hago para mis «peques». Y de paso para ti también. Imprímelo y sigue las instrucciones para poder leerlo.
Vivía tras la seda de unas cortinas de miel. Dormitando mientras sus lacayos paseaban frente a su ilustrísima majestad; en un desfile complaciente, reverencial, inhumano.
De tanto en tanto abría los ojos, se maravillaba de sus inferiores. Pensaba: que despreciables y sintéticos parecen.
– Acércate- ordenaba-. Encended, jugad la luz del gran sol-. Se mostraba caprichoso-. Reid, llorad. Fingid hasta que todo sea cierto.
Y el pueblo debía ser complaciente, no rebelarse, no pensar o el rey se levantaría de detrás de su cortina de miel.
Gran inauguración, el cartel no añadía nada más. Bajo su sombra una puerta estrecha y oscura. El portero, de aspecto dudoso, saludaba a los escasos visitantes.
-Quizá esta noche lleguen más criaturas- dijo la araña -. La nocturnidad siempre invita a recorrer las calles silenciosas.
-Cállate- le gritó el hombre -. A nadie le importa el privilegio de las hadas. Su fulgor se apagará sin más.
-Y, cuando ya no quemen al paladar, nos las comeremos- se relamió saboreando su carne tierna entre los quelíceros.
Esperaron por tres noches hasta ver como dentro caían sin que nadie viniese a salvarlas. Esperaron por cuatro días más y al final de la semana se sintieron seguros de poder hacer con las hadas lo que quisieran.