
Así lo manda el rey
A veces el amo se acercaba a la distancia de un balcón y nos arengaba para que trabajásemos más; más rápido, mejor. Prohibió los relojes porque ya nadie tenía tiempo, trabajábamos sin descanso y medir lo invisible no tenía sentido. Las horas, si es que tiene algún significado esa palabra, pasaban descontroladas.
Al principio quisimos que el sol marcase nuestros momentos; manteníamos una pequeña noción con las comidas o cuando alguien se dormía.
Pero la faena era exigente, se redistribuían los turnos y ya no sabías cuánto llevabas allí, luchado contra un enemigo invisible.
Éramos piezas que sólo adquirían valor cuando tenían que ser cambiadas.
LaRataGris

Y, ojo, que esto te sirve para una huelga, para unas elecciones y para lo que quieras. «Sólo no puedes, con amigos sí» que decían en La Bola
Rubio, de orejas puntiagudas y las formas propias de quien ha vivido demasiado tiempo sólo, en el bosque.
– ¡El último elfo!- señala la jaula el maestro de ceremonias y pide un aplauso para la pobre criatura.
Atrás queda la orgullosa raza , perseguida y casi exterminada a excepción de él. Los vieron como enemigos y ahora quieren salvarlo, al último que se consume en un triste zoológico.
– ¡Dejadme en paz! – Gritaban sus ojos sin que nadie escuchase. Era demasiado valioso como para oírle, como para dejarlo morir en libertad.
LaRataGris

Cuando todos deberíamos ser humanos pero algunos lo son más que otros.
A veces la vida se viste de cierta urgencia.
Tienes prisa por hacer y deshacer cosas que no te importan.
Comes corriendo, vas a tu trabajo gris y, siempre deprisa, produces como un robot para que no te despidan.
Tu vida está en base a la tristeza, la inmediatez, la alienación y ya. Sería suficiente.
LaRataGris