En la ciudad oscura

Ya no distinguiamos el día de la noche. La ciudad se había sumido en la oscuridad absoluta de sus malos humos; un escudo contra los rayos del sol y las estrellas.

La negrura devoraba la luz de nuestros pensamientos. Nos volvía cenicientos, arrastrados de pies y manos.

En general parecíamos actuar igual que antes, con la misma eficiencia, idéntica actitud;

pero, por mucho que repitieron las mismas palabras una y otra vez, no era lo mismo.

La cabeza se nos marchitaba triste y desolada.

El futuro era gris, las arengas negras, ya no había clavos ardiendo a los que agarrarse y, aún así, continuábamos vivos en la ciudad oscura. 

LaRataGris

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.