Infantil

He perdido la noción del tiempo. Sé en qué año estamos, aunque no sé muy bien qué significa esto. Dos mil cinco, nací en el treinta y tres, así que ahora debo tener nueve o diez años, aún soy joven.

Miro a mi alrededor, estoy rodeado de viejos. Cada día más arrugados encorvados del peso de su propia edad, presos de un cuerpo frágil. Me comparo con las imágenes del televisor, de las revistas, también llenas de ancianos. Deben tener entre veinte y treinta y pico. Nunca se sabe con esto de las operaciones. Aún sigo siendo un crío a su lado.

Una vez pasé por quirófano, no por aparentar lo que no soy, no tenía arrugas que planchar. Quise retrasar mi madurez y ahora debo aparentar tres años- ¿a que nadie diría que ya tengo dieciocho?

Pensar en esto me da dolor de cabeza. El otro día escuché en el telediario que se habían disparado las ventas de aspirinas infantiles. Es curioso porque ya no veo niños por las calles. A parte de mí, todos son como momias. Incluso el presentador, actuando como un adolescente que no se admite tal cual es, no como yo, que nunca renegaré de mis cuatro añitos tan bien llevados.

Debo ser el último niño de la tierra. Me tomo mi aspirina sin un buen resultado. Nunca lo tiene pero soy joven, eso es lo importante, tengo nueve meses.

LaRataGris.

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