Historia del primer diccionario enciclopedico o vida obra y milagros de vivaldi

Vivaldi, Antonio (1678- 1741). Violinista y compositor ital. Director de orquesta y compositor titular del conservatorio de la Pietá de Venecia. Creador prolífico, compuso más de 470 conciertos. Destacan su concerti grossi; 75 sonatas; 43 arias; 23 sinfonías, y 47 óperas. Son particularmente célebres los poemas descriptivos que forman sus Quattro Staggioni.
Diccionario Enciclopédico Salvat Alfa.

Historia Del Primer Diccionario Enciclopédico

O

Vida, Obra Y Milagros De Vivaldi.

El señor Albert Todredi estaba preocupado; no hacía ni dos años había decidido montar una próspera editorial sin pensar que en mil setecientos cincuenta y uno ya no sería tan solvente como imaginó en un principio.

Todos sus libros acumulaban polvo en la sección de saldos de cualquier librería. La Física Para Químicos, La Grandeza Del Insignificante, El Álgebra Del Pintor, Los Sueños Del Insomne,… de ninguno había conseguido vender más de diez ejemplares. Ni tan siquiera unos pingües beneficios que le ayudasen a olvidar la idea de que su próxima publicación, posiblemente, sería la última.

***

En todas las épocas han existido trabajos grises como el de Antonio Nadie. Un hombre bajito e inseguro para quien el único legado de su padre había supuesto una influencia imposible de esquivar. Así, a la edad de treinta y nueve años, no había pasado de ser el chico de los recados en una empresa de segunda. Sus horas se consumían en un horario de oficina y una vieja silleta de madera donde descansar de vez en cuando. Una persona vacía, la carcasa de un ser humano que años atrás alguien abandonó por inservible. Se había personificado la infelicidad en un hombre sin porvenir que añadió una consonante entre nombre y apellido para darse un prestigio negado.

– Antonio V. de Nadie- decía llamarse- descendiente directo de un gran linaje. – Hijo de mendigos- le recordaban sus compañeros, entre risas, cada vez que alguien nuevo en la pequeña compañia entablaba conversación con el, venido a más, ordenanza.

***

Aquel, en el que esperaba Albert, era el único cuarto de la casa en el que aún se podía estar. El resto, repletos de ejemplares que ni las liquidaciones querían, se habían convertido en inexpugnables fortalezas a las que la inaccesibilidad había obligado al desuso. Todredi, sentado en una de las treinta sillas que había dispuesto por la sala, se daba cuenta que su nuevo lanzamiento moría por momentos sin aún haber nacido. Miraba el reloj intranquilo- sólo se retrasan una hora- intentaba consolarse sin éxito- Porque a quién voy a engañar, Sorbil ediciones no ha sido más que un espejismo, un negocio con futuro que nunca funcionó. Cuando me devolvían volúmenes y volúmenes, desde donde se hubieran tenido que vender, intentaba ser optimista, ir de casa en casa hablando a la gente de un producto que, supuse, no conocían demasiado. Volviendo a llamar a la puerta de enfrente si me cerraban en la que estaba. Consiguiendo que pocos se interesaran, pero unos pocos que compensaban a la mayoría. ¡ Qué gran desengaño!- gritaba mientras se llevaba las manos al rostro escondiendo una cara abatida por el cansancio, ocultándose una habitación vacía a la que no habían acudido ninguno de sus clientes con la respuesta deseada- ¿Cuál es el libro que todos ellos hubieran comprado?- sollozaba finalmente dejando que el eco fuera una contestación insatisfactoria.

***

Es una tontería que vaya- pensaba Antonio- Hace al menos dos horas que debió comenzar la reunión, seguro que todos fueron puntuales y ni tan siquiera se dieron cuenta que yo aún no había llegado. Quizás tendría que volver a casa antes de hacer el ridículo- pero si era esto último lo que realmente quería, no todo su cuerpo estaba de acuerdo. Sus piernas, por ejemplo, desobedecían y enlazaban pasos hacía el viejo edificio donde, es un apartamento cochambroso, le había citado un hombre al que ya no recordaba.

Poco a poco, subía las escaleras, dudando golpear a aquella puerta verde del tercero B de la que salía un alto y desgarbado rostro enjuto que plastificaba la desesperación. Se acercó hasta él y, sin saber qué decirle, entrecortó unas palabras que a duras penas podían entenderse- ¿ es aquí la reunión?

***

Sentados bajo un calabobos de Abril dos hombres hablaban sin que la gente que pasaba protegida por paraguas les prestara atención. El uno con esperpénticos gestos; el otro con tímidas afirmaciones que animaban al primero en absurdas disquisiciones que, realmente, sólo escuchaba el viento. Hasta que, de repente, una de las estridentes frases pesaba demasiado como para perseguir a sus compañeras y se veía obligada a quedarse entre aquellos extraños oradores- Me llamo V. de Nadie- decía la oración- V. de Nadie- no la quería oír Albert- Nadie- intentaba imponerse-¡ Nadie!- por fin atento a su exclamación.

***

Ocho meses después, un escrito encabezado por “Estimado Don Nadie” le preguntaba a Antonio si sabía quién fue Vivaldi para inmediatamente después contestarle unas líneas más abajo:

“No fue nadie, y, sin embargo… cuando descubrí, gracias a ti, qué hacer para escapar de mi pequeño bache decidí agradecértelo con una broma que implicaba a su persona. La inocentada de Pensamiento Único, mi nuevo libro, ¡no! nuestro hijo. El que gestamos bajo la lluvia, cuando me enseñaste que sólo un ser insignificante compraría “La Grandeza Del Insignificante”; que como el resto de mis libros, era demasiado particular para un público amplio; sólo para químicos, pintores, insomnes,… Aprendí mucho aquella tarde, a buscar la globalidad, unir todos los fragmentos de humanidad en una sola obra, en la que, el día veintiocho, todo el mundo podrá resolver sus dudas.

Todas las preguntas ordenadas de la A a la Z, como en un diccionario, pero más completo, un diccionario enciclopédico, con un único error … en el capítulo de la V : Vivaldi, Antonio (1678-1741) prolífico compositor italiano cuya creación más celebrada ha sido “las Cuatro Estaciones”.

Un personaje ficticio que sólo tú y yo conoceremos, pues a quién se le ocurriría buscar lo inexistente. Una persona creada de la inmensidad de tu pequeñez…”

No pudo acabarla. Abrió una página cualquiera, que fue para la M y después se acercó hasta aquella otra consonante en la que encontró lo que ya esperaba.

***

Para que un secreto sea tal, lo ha de conocer al menos una persona, sin son dos los partícipes es que ha empezado a extenderse y si te sientes pequeño y marginado necesitas que te acepten a cualquier precio. – ¿Y qué significa esa letra en tu nombre?- se burlaban de nuevo- ¿Por qué no lo buscas aquí que dicen que están todas las respuestas? Ja, ja, ja…- y allí estaba. Antonio leyó con orgullo las dos líneas dedicadas a su tocayo imaginario, dejando perplejos a sus compañeros que, sólo tras un buen rato intentaron replicar- Pero ese hombre está muerto, ¡no puedes ser tú!

– Eeeh, sí- las mentiras se hacen fuertes entre ellas- es que fue mi tío abuelo político- empezando a creérselo- ya os dije que desciendo de un gran linaje- propagándose, siendo por primera vez respetado.

***

En uno de los rincones, Albert, había comenzado a apilar todas las cartas que en la última semana habían empezado a llegar. Era la primera vez que alguien perdía el tiempo en felicitarle por su obra y, esto, le llenaba de satisfacción. Y no sólo eso si no que hoy mismo había recibido un inmenso paquete, con remite desconocido, que abría nervioso. En un sobre, una misiva que le explicaba que el resto de papeles que le acompañaban no era más que la correspondencia que Vivaldi mantuvo con la madre del desconocido. Lo dejó de piedra, pero no fue la única que lo paralizó. Desde ese momento diferentes personas de distintas partes del mundo le notificaban infinidad de acontecimientos del compositor inventado. Desde anécdotas hasta partituras pasaron por sus manos obligándole a aceptar una fábula, a creer lo increíble.

***

Como el año anterior, un ventiocho de Diciembre, otro “Estimado Don Nadie” le preguntaba a Antonio por Vivaldi:

“… aunque más que por él, le pregunto si alguna vez fue real. He tenido miedo de que descubrieran que fue un engaño, todo ha ido demasiado rápido y ya no me atrevo a decir la verdad porque me tomarían por loco, o acaso no lo estaré ya. He oído tantas veces sus composiciones, antes nunca lo hice y … por favor contésteme, dime que no existió realmente.”

“Querido Albert”-contestó- “Ahora puedo decirte que sí fue real, aunque antes nunca lo hubiera dicho.”

LaRataGris.

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