Haz deporte

Leí la frase en un vagón de metro. Rascada en uno de sus asientos de plástico negro. Haz deporte. Era una obligación. Aquella orden quería que yo corriese, lanzase a canasta o practicase halterofilia… Quizá otra actividad, siempre deportiva, sin ton ni son, supongo que por el bien de mi salud.

Intenté levantar mil quinientos kilos de peso, flexioné las piernas para tocar el cielo de un salto y corrí hacia el agua para que mi rapidez me hiciera caminar por encima. No conseguí ni uno solo de mis objetivos y dejé pasar una semana.

Transcurridos los siete días, en aquel vagón, la misma letra, bajo la primera frase, sigue intentándolo. Renové mi esfuerzo con aquel aliento. Reintenté elevar las pesas, saltar un poco más alto o correr con más intensidad, con idéntico resultado.

Desanimado, busqué una tercera respuesta en los asientos del metro. ¿ Te has planteado alguna vez por qué haces todo lo que te mandan? Fue la señal que leí y me lo pregunté…

LaRataGris.

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