Al final del día

La habitación está totalmente a oscuras. O lo estaría de no ser por el leve chisporroteo de un cigarrillo. Juan, sentado en una vieja silla de madera, juega nervioso con las volutas de humo. Se levanta, dos pasos a la izquierda hasta chocar con la pared, cinco a la derecha esquivando la silla y lo detiene una de las largas mesas del comedor. Regresa a su silla, la aparta, se sienta en el suelo, apaga el cigarrillo, enciende otro, … muy nervioso. Durante treinta y cuatro años esperó aquel día, para después no tenía nada pensado y ahora todos quieren que decida, ¿cómo se dejo arrastrar?:

“Hoy a las 12:02 h. se acababa el mundo, la gente moriría en las calles mientras Los Verdaderos Adoradores del Nuevo Milenio se salvarían en el bunker de la comunidad. A la hora predicha se miraron unos a otros, sonriendo, llorando… ¡Habían sobrevivido! Una plegaria a Milenius Y abrazos fraternales.

El padre McAnna, salió con todo su dinero. En la nueva era ya no lo necesitarían, así que era mejor esconderlo antes de que sembrase desconfianzas infundadas en el grupo. Mientras, la comunidad esperaría hasta que volviese con la buena nueva del fin del antiguo caos.

A los dos días hartos de esperarle fueron al comedor, porque ya tenían hambre. A más de uno, mientras preparaba los piemientos le hubiera gustado decir qué pensaba, qué le parecía la situación; más sin un guia espiritual no podían más que realizar actos cotidianos, esquemáticos. Nadie les enseñó las palabras a pronunciar.

Cuatro días entre el comedor y el bunker, cuatro largos días de silencio, hasta que al fin- ¿ Y si volvió mientras ibamos a comer?, ¿ y si no se puede vivir fuera?, ¿ y si ha muerto en el cataclismo? – explotó Juan, provocando con su muestra de lucidez que los demás se arrodillaran a su alrededor, extendiéndole los brazos, susurrándole- Líder, líder, líder- y lo entendió en seguida.

– He de pensar, dejadme sólo. Mientras, adorad a Milenius – Y se quedó sólo, en el comedor, donde bajo luz apagada encendió un cigarrillo o dos, cabiló sobre este asunto y se dio cuenta de que, sin saber cómo, se había dejado arrastrar. Decidió que sus discipulos tendrían que trabajar para hacer más fuerte la secta, para construir un refugio mayor, para estar preparados para el próximo desastre, para que, a pesar de esas obras, sobrase dinero, para el ir a esconderlo, para que ellos viviesen mejor. Y dejó de estar nervioso porque él estaría bien.

LaRataGris.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: