El pedigüeño

Hacía un mes que se había muerto el pedigüeño del barrio. No era ni guapo ni simpático, pero… era sobre el que descargaban sus culpas todos cuando hacían algo mal.

Como cuando el del quinto abandonó a la mujer y al poco se enteró que se había suicidado; le dió veinte duros al mendigo, ( unos sesenta céntimos de euro), y se sintió mejor. Pero ahora no tenían pobre. ¿Qué pasaría, irían todos al infierno!!!? Eso no podía ser. La asociación de Maruj… que diga de mujeres del barrio tomo la iniciativa; alquilaron una página en el periódico y pusieron el anuncio: – “Barrio de San Cristóbal necesita mendicante. No le faltará comida ni dinero” – y en letras pequeñas- “inconvenientes: vivirá entre cartones”- Volviendo a caracteres grandes – “interesados ir el día tal, a tal hora, a tal sitio”.

Tal día había por lo menos trescientas mil personas. Gracias a Dios salíamos de la crisis, o eso decía el gobierno, si no aún entrevistarían aspirantes.

Se quedó el puesto un joven en paro. Tendría unos veinte años, pero era el más cualificado: a más de su barbita y su pelo grasiento, tenia un master en medicina por la universidad de Harvard. La ropa sería un problema, aunque pronto se le consiguió una poca raída y el puesto a las afueras de la iglesia de nuevo estuvo ocupado.

LaRataGris.

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