Seguir el camino

Alonadba es el sueño de un arquitecto majadero. Una ciudad circular, con calles concéntricas que se deshacen en una plaza también redonda, inmensa y presidida por una estatua que simula la perfección del cuerpo humano en la figura de Johanes Soliluna, el creador de todo lo que se puede ver en el lugar e impresionante globo culturista.

Hacía el norte puedes subir por la calle Norte, grande como la Sur, Este y Oeste. El resto de puntos cardinales están representados por callejuelas ligeramente más estrechas llamadas como las direcciones que indican.

Las peronas que viven allí, como Johanes, son musculuras extremas, recubiertas por finas capas de piel. Todos se levantan a la hora del gallo, para llegar a sus puestos a la hora del trabajo, ni un segundo antes ni un segundo después … Las cosas allí funcionan como un motor bien engrasado que mueve la vida al paso exacto.

Noel Martínez era mimético en todo a sus conciudadanos. Vestido según el día de la semana, disfrutando a las horas de la alegría con la música colectiva, para nada un bicho raro. Al menos, no hasta caer enfermo.

Era el día impoluto en Alonadba cuando tuvo lugar la disrupción. La gente seguía la línea recta de la cola, avanzando lentamente por el camino marcado con los conos anaranjados. Sin hablar nadie con nadie, pensando solamente en llegar al almacén donde se rapartían los utensilios de limpieza.

Noel estaba, tendría que haber estado, entre un hombre y una mujer de la calle Noroeste. Su hueco vacío era irrelevante para el resto que seguía su marcha como si no faltase. Sólo en el almacén, cuando la escoba que le alargaban cayó estrepitosamente contra el suelo, haciendo tropezar al que tendría que ir detrás, se dieron cuenta que faltaba alguien.

Toda la fila continuaba avanzando, entrechocando unos con otros, materializando un caos imposible en la ciudad.

Alguien hizo sonar una alarma que marcase la nueva situación, que avisaba de un espacio en el que la gente tendría que reestructurarse de forma que el pueblo en masa formase una entidad pluricelular que localizaría con rapidez al desaparecido señor Martínez.

Noel les abrió la puerta muy desmejorado. Con los ojos vidriosos por la fiebre. – Lo siento- masculló- no pude levantarme.

La gente se giró mostrando un desdén ensayado- Demasiado tarde,- susurraron al unísono- quedas expulsado.

Donde acaba la calle Sur, ya fuera de la ciudad, comienza un camino mal empedrado que recibe el nombre de Senda de Salida. Por él nunca ha llegado nadie, solo sirve para que los expulsados se alejen, en dirección a las montañas. Noel, aún enfermo, lo resigue cabizbajo, increpado por sus vecinos dispuestos en paralelas a ambos lados de la carretera.

En esa dirección se han ido muchas personas imperfectas. Se les supone en una vida semisalvaje que no favorece en nada a los recien llegados. Él no llegará a conocerlos. Cae a mitad del camino vencido por la fiebre y sin que sus antiguos amigos puedan verle, ya estan de regreso en la ciudad, ocupando su sitio en la cola del día de comprar cosas bonitas, olvidandose de que , una vez, alguien, no fue un ideal de rectitud como lo es, ahora, todo el mundo en la ciudad de Alonadba.

LaRataGris.

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