Roberto

Breve Introducción Al Cuento De Roberto.

Por favor, permitidme unos segundos de vuestro tiempo antes de comenzar con la historia. También a mí, como supongo que a vosotros, me ha sucedido a veces que cuando comienzo la lectura de un libro me encuentro con un prólogo intragable que analiza lo narrado más adelante según los valores histórico-culturales de la época en que fue escrito, un plomazo vamos. Pero por supuesto que este esquema está bastante alejado de mi mente al realizar esta introducción, mi única intención es la de hacer que un texto complejo como el que vais a ojear os resulte ameno y posiblemente mucho más diáfano.

Dada la explicación sobre la necesidad de estas breves líneas será mejor que nos sumerjamos un poco en la biografía de Osuka Haritani: estupendo narrador japonés nacido en mil novecientos cuarenta y cinco, en la hasta entonces bonita ciudad de Hiroshima. Nuestro insigne superviviente ha dedicado su vida duros análisis sobre la interacción de fraternidad entre las diferentes culturas que existen hoy por hoy sobre el globo terráqueo.

Para llegar a lograr esta loable meta el señor Haritani a escrito cientos de cuentos, traducidos alguno de ellos hasta a veinte lenguas diferentes. De entre los más famosos podemos destacar: “A Través De Un Reflejo”, “El Niño Que No Quiso Creer”, “ La Historia Intermitente”…

Pero, centrándonos un poco en el que nos ocupa estas líneas podríamos llegar a afirmar que es la historia más interesante del autor. En ella se nos presenta a un niño, que como bien habréis intuido por el título se llama Roberto (Esto último en honor a esa fraternidad mundial que tanto prodiga Haritani). Bien, el joven en cuestión, tendrá unos veinte años y según los estudiosos de la obra de Haritani, podría estar basado en el personaje real que fue la tía abuela política de nuestro autor: la señora Nimai Karitewa, mujer que luchó en la gran guerra a favor de su pueblo perdiendo por ello una pierna y parte de la córnea, según dicen los que la conocieron nunca volvió a ser la misma. Este dato explicaría la compleja relación de Roberto con el medio, llegando a su punto culminante hacia el final de la obra donde en un climax desenfrenado nuestro protagonista tendrá que luchar por su vida con un fantástico grifo de nueve metros de largo por diez de alto. Si a todo esto, añadimos la orfandad que desde el principio de su vida sufrió el autor, también podremos llegar a entender el conflicto generacional representado aquí mediante la ausencia total de padres tanto por parte del protagonista como los secundarios ocasionales que se pueden hallar tras el manto de la simbología.

Solo por lo expuesto, que cualquier no iniciado hubiera pasado por alto, sería necesaria esta pequeña introducción, pero como siempre que hablamos de Osaku Haritani, nos dejaremos cosas esenciales como sus problemas con el alcohol, alopecia general o pulgas amaestradas que lo visitaban de vez en cuando. Como veis, un cóctel impresionante para alargar esta perorata hasta el infinito. Pero sin ánimo de hacerme pesado prefiero dar paso a la fabulosa narración, no olviden nada de lo dicho previamente y estén atentos por que aún hay sorpresas escondidas entre líneas que no he querido desvelar.

Y ahora ya si:

Roberto.

Caminando un día por la calle trece, a un niño, le dio un infarto que lo fulminó en el acto.

LaRataGris.

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