La naturaleza del sol

El sol seguía sus propias normas. Bailaba en el firmamento al compás de las leyes naturales. Iluminando, dando calor según le convenía. Cuando el ser humano se entero de que no servia a sus intereses se cabreo. Jamás había adelantado su salida o se había escondido antes de lo que el quisiera. Lo denunciaron ante la ley, pidieron su destitución, que pagase, que se doblegase a sus normas y siguiese estrictamente los horarios impuestos por las palabras del hombre. El día se alargaría, acortarían la noche y, de producirse cualquier cambio, el sol tendría que avisar con tres días de antelación.

Los jueces, también humanos, valoraron lo justo de la demanda, la aprobaron y enviaron a un grupo de personas a la montaña más alta del mundo. Desde ella le dirían al sol que es lo que tendría que hacer a partir de aquel instante. Subieron con megáfonos, pancartas y le gritaron bien fuerte. Cuando el sol paso de largo decidieron esperarle toda la noche. Al día siguiente, el resto de días que estuvieron allí, se repetía la escena. Constantemente el sol iba y venía y, si se enteraba de que estaban allí, los ignoraba muy bien.

LaRataGris

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