Mundo circular

– El mundo,- pensó Cloe- no es redondo.- Para ella la realidad se limitaba a todo lo que alcanzaba a ver con sus ojos. Si se movía aparecían edificios, parques, caras distintas necesitando un rincón más amplio que su país de sensaciones, no tanto como para imaginar un planeta mucho más grande.- El mundo,- seguía con su retahíla- es tremendamente pequeño.- Siempre hacía los mismos trayectos; invariablemente salía de casa y trazaba líneas rectas hasta el trabajo, el mercado o el bar de Juan. Por el camino más corto y directo.
Jamás se había preocupado por si el camarero tenía un nombre distinto al de Juan. Era lo que rezaba el letrero y así se tenía que llamar aunque fuese variando el dueño, las facciones y la cordialidad, en su caja hermética no había lugar para cambios. Cloe vivía en el primer mundo y así quería seguir. Sus problemas eran los de alguien con dinero. Necesitaba experimentar la última novedad, demostrarse superior y puede que ayudar, no demasiado, suficiente como para sentirse bien sin que esto le llevase a ser pobre. Ni se planteaba perdonar deudas a tierras desconocidas, poco más que fantasías. No quería implicarse con alguien que para ella era un extraterrestre viviendo a millones de años luz de la realidad. Una limosna simbólica era suficiente para poder continuar sin que se rompiese la burbuja.
No fue tan rápido como para suceder en un día pero si lo suficiente como para que no se diese cuenta de que todo estaba cambiando, aunque de haber sido más lento tampoco hubiese notado nada. No vio que cada vez había más mendigos, que Juan había cerrado el bar de toda la vida y que en el super no le fiaban desde que quebró su empresa. Su mundo se iba reduciendo, desapareciendo junto a los pingües ahorros de toda una vida. Ya no era una privilegiada y no lo sabía. Cloe vivía en el tercer mundo y sus problemas empezaban a ser preocupantes. Ya no tenía para comer y la última novedad debía ser algo de fruta, un bocadillo o las sobras de cualquier restaurante.
El rostro de la ciudad también se había transformado. Los desfavorecidos pululaban buscando la parte de comida que el primer mundo había preferido tirar. Ya no había riqueza con la que la gente como Cloe pudiese simular un lugar aparte, empezaban a mezclarse y eso costaba de digerir. El mundo empezaba a ser redondo, mucho más allá de nuestra mirada todos empezábamos a depender los unos de los otros.

LaRataGris

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