Los caminos pintados

Sus dedos se habían cortado con finas cuchillas de suave metal. No notó como entraban en la carne hasta que la sangre mancho la figurita que estaba recortando y, entonces, el dolor se hizo evidente a cada segundo que perdía. Como pudo dio los últimos retoques y acabo de la mejor forma posible un precioso perrito callejero de porexpan y papel de seda.

Solo quedaba mancharlo todo con temperas cuando la pintura aprovecho los pequeños huecos en la piel para inundar su cuerpo y llenar sus venas y arterias de veneno multicolor. A golpes de corazón fue latiendo el viejo río relleno de tintes nuevos, queriendo derramarse por cada centímetro de su vida. Como una pequeña muerte de la que renacer ilusionado de arco iris por descubrir. – Mamá- le pintó mil sueños en sus fuertes labios- quiero ser feliz, necesito pintar.- Y ella mordió sus palabras y sin abrazarle gritó- No digas tonterías, tu serás abogado como tu tío Felix. Dejate ya de tantas soplapolleces… – Y, el, cogió el libro de derechos sabiendo que sus páginas serían un buen escondite para sus dibujos.

LaRataGris

 

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