Viajes indirectos

Dejó las mochilas cargadas y caminó sin nada más que sus ideas. Extraños billetes de curso ilegal aceptados a la ligera, demasiadas veces. La distancia de sus pasos había dejado de ser la medida de sus avances, la huella del sofá marcaba sus nuevas introspecciones. Se había convertido en vagamudo de lo irreal, incapaz de llevar sus mundos a las realidades existentes. Había perdido la cinética juvenil y sus teorías de la estática eran a todas luces insuficientes. Era uno más culto, interesado en la inteligencia y el pensamiento pero uno que se marchitaba.

De repente amaneció un día incrustado en el skay de su marca. Incapaz de articularse, abrazado suavemente por el sillón que impedía su huida. Le había borrado la forma de actuar mientras el televisor le gritaba los males endémicos de nuestro tiempo. Mauricio absorbía todo aquello sin poder hacer nada más que ni asentir ni negar.

Pasaron los meses sobreviviendo como una espora, bebiendo humedad y alimentándose de despistados insectos que confundían sus labios con la entrada de una gruta en la que procrear, pero no era suficiente. Cada segundo era más débil que el anterior, se desvanecía como parte del mobiliario, no era una persona y no podía pagarse una vida como tal. A alguien se le cayeron sus restos durante el desalojo y se hizo polvo, desapareció siendo una parte de lo que le rodeaba, una sobra del sistema. Lo habían desechado por que el futuro del capitalismo es más importante que las personas que les ha tocado vivir en el.

LaRataGris

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