Un mes de saldo

El día quince, cuando todo lo que había cobrado se había esfumado, la nevera temblaba de hambre y toda su familia lloraba, Alberto decidió que aquello tenía pinta de final de mes.- mañana- se animó- debe ser día uno, seguro que tengo otra nómina esperándome en el banco.

Llegó a la entidad con el estomago rugiendo exigencias, ¡ necesitaba su dinero y lo necesitaba ya! Y la verdad es que fueron muy comprensivos: a tenor de las circunstancias, la salvaje crisis, el hambre, el país…le adelantaron sesenta eurillos y tres céntimos a cuenta de su próxima paga. Así fue como comenzó su mes de una semana, exactamente lo que le duro el parné. Aquel adelanto reducido no había servido de demasiado así que, aunque aún le quedaban los tres céntimos, volvió a rugir el llanto de los suyos.

– Tendremos que cobrarte intereses- no le dijeron ni la primera ni la segunda vez- es un crédito por tu bien. Pensamos en ti, por ti.- Por eso el quince ya no fue el problema. Todo se iba adelantando, unos días antes, una semana, el mes entero y ya estaba gastando su presupuesto de un año, creyendo que ya no pasaba nada y sin hacer nada al respecto.

LaRataGris

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