Presidente blablabla

– Les habla el presidente- dijo la pantalla de plasma sin que nadie quisiera escuchar. Era un hombre amoral y sin principios, con poca o ninguna credibilidad en lo que pudiese decir ¿para qué perder el tiempo oyendo sus inconsistencias?

Se dedicaba a ordenar y disponer vidas a su antojo y conveniencia. El bien común era su excusa. Con el justificaba que alguien famélico tuviese la obligación de pasar más hambre, como si las palabras, las buenas intenciones, fuesen suficiente alimento.

Ademas la suerte tenía demasiada importancia en todo lo que predicaba. Las cosas no sucedían por que el las dijera, por que luego se esforzase en hacer sus promesas realidad. A veces parecía sentarse a verlas venir, no existía la libertad y eso también desmotivaba a las orejas. Hablaba el y hablaban sus ministros, se pasaban el mismo papel para leerlo una y otra vez, querían que calara y con cada palabra subía el pan. Era terrible -que no los escuchen los panaderos- se gritaba en los blogs, en los bares- Haced algo- escribían los revolucionarios- y el vendedor de guillotinas recogió el testigo. Vio un nicho perfecto, como hacia tiempo que no encontraba. Por eso subió los precios e invirtió en publicidad y, la verdad, espero que no le vaya nada mal, hay que apoyar a los emprendedores.

LaRataGris

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