No era necesario el amanecer

No era necesario el amanecer diario para saber que pasaban las horas. Bailábamos el tictac de un reloj imaginario, mientras que el sol venía con el canto del gallo. Se desperezaba la vida y en un bostezo aparecía la bella durmiente a deshoras, arrastrando vida.
Todo sucedía sin más; aunque el ser humano hubiese encerrado los días en semanas, las semanas eran meses y los años discurrían fugaces desde hacía un siglo o veinte lustros. No importaban las casillas en las que intentásemos contenerlo. Fue sentenciado incluso para los días oscuros en que negras nubes acercaban la noche. Quedo estipulado un sistema rígido en el que sólo se cambiaba el ritmo si lo necesitaba el superhombre del dinero. Se retrasaban y adelantaban las manecillas mientras, en realidad todo seguía igual, incluso para los que no sabían que no era necesario que amaneciese y se despertaban para estar juntos con las primeras luces del día.

LaRataGris

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