Paraíso para uno

No podíamos permitirnos el paraíso, al menos no todos a la vez. Sorteamos una semana y, a piedra, papel, tijera, decidimos quien comenzaría el primer turno. Mamá preparo la maleta en una milésima de segundo, antes de que cambiasen las reglas y su triunfo fuese revocado.

Los que nos quedamos lo hicimos soñando oler los flores de un Edén artificial; perfecto, lejos de nuestros rutinarias vidas. Mirábamos con recelo a mi hermana, en un año seria la próxima afortunada. Parecía ser la más feliz de los tres y aún así no la odiábamos demasiado porque eramos personas civilizadas.

Cuando mamá regreso llena de vitalidad la escuchamos absortos, intentando paladear cada uno de sus recuerdos. Sobrevivimos haciendo nuestras sus experiencias, fingiendo que no quedaba nada para las que de verdad nos pertenecerían.

Hicimos una piña, en dos años mi paraíso sería real por siete maravillosos días. No iba a matar a la tata, no forzaría que mi semana llegase un poquito antes.

LaRataGris

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