El ingeniero

La maquina había empezado a ir un poquito más lenta. Parecía tener los engranajes oxidados tras tantos años de buen servicio, como si estuviese a punto de morir.

-¡No puede parar!- gritó el operario dos mil treinta y siete -iLlamad al ingeniero!-

Encendidos por el terror en su voz todo el mundo comenzó a correr sin orden aparente, insuflados de un salvajismo descomunal. Con sus trajes reflectantes parecían rayos de luz sobre el fondo gris sucio, casi negro, de las paredes.

-iVamos!-, volvió a gritar,-si se detiene la fisión sera inminente.

-¿Dónde esta el ingeniero- el revuelo era generalizado- ¡Buscadlo! ¿¡Ramon!?- Repetían el nombre mientras el caos se apoderaba de los trazos luminosos. Se entrecruzaban dentro de la fábrica, removiendo cualquier piedra donde se hubiese podido esconder Ramón. No hubo suerte. El ingeniero estaba tan lejos en el momento que había previsto, que respiro tranquilo al ver la noticia de las muertes. Ya llegarían las explicaciones, decir que era inevitable y que el hizo todo lo que pudo por salvarse que, al fin y al cabo, era lo único que podía hacer.

LaRataGris

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