La niebla

Todo había desaparecido engullido por una niebla espesa. Parecía viva, dispuesta a tragarse a cualquier incauto que se moviese ante ella. Al principio, una pretensión estúpida, quiso que nos buscásemos. Se escuchaba como todo el mundo gritaba el nombre de alguien que había perdido. Voceaban hasta quedarse afónicos y perder la esperanza.

-Si alguien puede escucharme- comenzó a oírse en susurros más espesos y pesados que la propia bruma- Me rindo, soy parte de la niebla.

Entonces retiraron el intangible velo. Apareció la figura de Don Amo, altivo, acariciando la cabeza de dos cachorros salvajes.

-Bien- aplaudió nuestra derrota, sus objetos humanos- Ahora a trabajar sino queréis que me vuelva a enfadar.

Los cuerpos, casi esqueletos tras varios días perdidos, sin comer, parecían moverse con el vaivén del viento. Finalmente conseguimos levantarnos con dificultad. Demasiado débiles hicimos un último esfuerzo por sonreír. Vi como brillaban los ojos de mis compañeros y, sin previo aviso, nos abalanzamos como habíamos acordado dentro de nuestra prisión, nos lo comimos.

– El engaño ha funcionado- gritó una voz desesperada. Ahora buscad sus máquinas, que no puedan volver a ocultarnos bajo su niebla prefabricada. Juntos somos mas fuertes.

LaRataGris

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