Recuerdos salvajes

Frágil, como una muñeca de porcelana demasiadas veces reconstruida, su mente sobrevivía colgada de un fino hilo a punto de romperse.

Cualquier cambio era, para Oscar, un choque de trenes sin supervivientes.

Se había machacado durante tantos años, hasta convertir su cabeza en una gelatinosa papilla que a duras penas servia para mantenerlo con vida.

Su mejor amigo, Alberto, le había acompañado por el mismo camino de autodestrucción. Sorprendentemente aún podía articular alguna palabra.

Él, Oscar, intentaba ser su apoyo, aunque también estaba para que le diesen una muleta.

Los días pasaban recordando los años salvajes; repletos de inmortalidad, los buenos viejos tiempos a los que no había forma de regresar.

-Somos una carga que no se divierte. Se decían con la mirada- ¿qué sentido tiene la vida estando muertos?

Oscar limpió los labios agrietados de saliva seca. Esta vez esperaba acertar con la dosis, desde luego la comida sabía a rayos, una buena señal para dejar de ser un peso muerto.

LaRataGris

cucarachas salvajes

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