Piscinas felices

-Gwendolin, ponte aquí-. Llevaba dieciocho años siendo la madre perfecta de los piscinas. Conocía las sonrisas adecuadas, la pose correcta para resultar sexy sin ofender, podía ser amante de un marido y amiga de su mujer sin que los compradores sospechasen. Con su experiencia eran innecesarias las indicaciones de aquel niñato no dejaba de dar, al fin y al cabo no podía llevar más de un año de director artístico.

-Marco, tu a su lado. Coge una hamburguesa y ofrécesela.– La barbacoa había sido la única aportación real. No hace demasiado que se habían puesto de moda y habían sido todo un acierto. Le daban un matiz de verosimilitud a la fotografía.– Los niños que jueguen en la piscina.

Cada piscina se construía bajo la imagen de la familia ideal, ellos llevaban nueve años juntos.

Marco había empezado siendo padre en anuncios de clínicas de fertilidad. Para Oscar y Rosa Marín era su primer papel importante, aunque ya empezaban a estar mayores para ser niños, pronto pasarían a su condición de juguetes rotos, recordados con nostalgia y comparándolos con lo que habían sido veinte años antes, en la probeta.

Gwen ha sido chica de piscina toda su vida, era de los pocas que lograba mantenerse en el trono. Fue niña, adolescente, la adolescencia fue complicada; nadie te quiere en las cajas con esa edad, prefieren que te interprete una cría sin pavo. Por eso aprendió rápido a disfrazarse de madre adecuada, maquillaje disimulado y sutil, relleno en el bikini para que no tuvieran que esperar un desarrollo completo.

Genial, siguiente – A principio de año hacían fotos para las cajas de piscina del mundo entero. Ellos vivían en aquellos decorados artificiales. Se teñía el pelo para parecer distintos, combinaban distintos bañadores, distintas poses, distintos utensilios y siempre la misma familia, en todos las cajas, disfrutando del verano de un jardín prefabricado. Que felices eran en la perfección.

-Gwen- volvió a insistir, otra posición, todo tenía que estar a su gusto– ¿Gwen?-su nombre flotaba muerto, sobre las aguas tranquilas. Nadie podía moverse para salvarla, habían detenido el tiempo.

LaRataGris

 

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