Final, punto.

Aunque la tinta empezaba a borrarse, el negro parecía un azul desgastado, ella se empeñaba en mostrar el tatuaje con orgullo. Una enredadera que subía hasta la mitad del muslo, salpicando la pierna con alguna florecilla que no tenía reflejo en la realidad. Nunca significó nada y ya ni le quedaba la pretensión de la belleza.

Aún así, Patri, buscaba ropa que no le tapase. Quería lucir y lucirse como un escaparate al mundo.

Alguien, un desconocido, le advirtió- Es poco favorecedor, tienes que reciclarte.

Incluso le dibujo un croquis de como mejorarlo: Una raya aquí, la cortamos con una perpendicular y una imagen bíblica de un Jesús Sexsimbol; sí, con el colgajo totalmente a la vista.

Valoró la propuesta, la miró interesada un microsegundo y la desecho con una carcajada. Hacía tiempo que no necesitaba complacer a nadie ni mostrar su belleza interior, le gustaba que su tatuaje fuera tan feo y absurdo.

LaRataGris

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