Carne de Dios

Solo un tipo haciendo lo correcto. Ningún merito, nada especial.

Pero al mundo le hizo gracia. Hablaron de su hazaña en el periódico local y su fama creció.

Tampoco es que se desviviera por desmentirlo; le gustaba como le saludaban con una mezcla de reverencia y naturalidad.

En los labios un simple buenos días, mientras que los ojos reflejaban admiración absoluta.

Aunque el sabía la simpleza de sus actos, la sencillez y la honestidad de sus formas; su llano proceder. Aún así comenzó a creerse su propia leyenda.

Cada vez caminaba más orgulloso, con el rostro mirando hacía el cielo. Ya no sentía la necesidad de cumplir con su parte, estaba por encima de estos menesteres.

No había hecho gran cosa pero ahora hacia de más: pavonearse, jactarse, exigir atención y melindres.

Desapareció la veneración de los ojos de la gente sin que él se diese cuenta. Tenía otras preocupaciones, distintas prioridades. Era un semidiós el lunes, para el martes ya un Dios, tenían que idolatrarle y no le cabía la menor duda de que así era.

LaRataGris

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