Muerto hace tres años

La carta llegó como un susurro en primavera, cuando la explosión de vida es capaz de ahogar cualquier tristeza.

Florecen los campos y los pájaros lo llenan todo con sus gorgojeos para el cortejo.

Puede que hace unos días cayese en el buzón, tal vez estuviese allí abandonada desde el pasado otoño, o quizás llevase allí años sin que él se diese cuenta. Sin saber por que decidió revisar que no hubiese correspondencia. Encontró propaganda del súper, spam de los testigos de Jehova y la fatídica carta.

Nos es grato comunicarle, se leía, que tras todos las pruebas realizadas su diagnóstico es el de muerte leve, felicidades.

En las siguientes dos páginas se desgranaban las pruebas aludidas. Las letras daban paso a números que no significaban nada para Benito.

Miró dos veces a quien iba dirigida la carta, siendo él el destinatario en ambas ocasiones. Miró la fecha, habían pasado dos años largos de su supuesto diagnóstico.

Entonces, pensándolo, se sintió agradecido por estos casi tres años que le había regalado la burocracia.

-Cariño- le dijo a su mujer apenas entró por la puerta- ¿No te has fijado que ya no estoy tan vital como antes?

Ella lo miró desconcertada hasta que, de repente, viendo sus ojos hundidos y la sonrisa cadavérica, lloró un día entero antes de reaccionar abrazada a su fantasma.

-Habrá que llamar a la funeraria, despedirte como te mereces.

-Tendrán muchas cosas que arreglar tras estos años de retraso. Pero espera, finjamos que todo esta bien, solo un día mas.

Volvieron a abrazarse por veinticuatro hora de no hacer nada, luego contrato los servicios fúnebres y entró por su propio pie en el ataúd.

Dejo que lo maquillaran y, al amanecer del tercer día, permitió que lo enterraran.

– Hace tres años que le estamos esperando- le dijo el sepulturero

-Es que esta gente parece vivir en la edad media, como si avisasen con paloma mensajera.

Relajado, en el mejor ataúd que se pudo pagar, consoló a su mujer que volvía a llorar. Soltó las mismas frases hechas que había malgastado en otros entierros: No somos nada, hay muchos peces en el mar, no lo veas como un castigo, esto es una oportunidad. Encontraras a alguien mejor, y sólo está última la repitió convencido, dándose cuenta de que había malgastado su vida en rectitud y trabajo.

Fue un entierro precioso, lleno de amigos recordando lo lleno de vitalidad que parecía solo dos días antes.

-Pero la vida continua- brindó Fermin, su cuñado- y no está bien perderla con los muertos.

LaRataGris

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