Bestseller

Aparece el rey del cielo: Cálido y brillante, una estrella tranquila, lejana. Camina, orgulloso Sol, para que sus súbditos lo veamos amanecer.

-¡Oh, Rey del firmamento, astro emergente, te ofrezco mi vida -. Un acólito se inmola como ofrenda y el resto imploramos su misericordia, su favor para que cuide nuestra cosecha.-Acepta este sacrificio.

Pero, incontrolable en su rutina , no cambia de órbita, no se muestra benevolente. No se vuelve bueno o malo por los intereses del ser humano.

Es por eso que lo olvidan como Dios, se inventan uno más bípedo, más mundano, más real; alguien sobre el que poder escribir un discurso y una trayectoria más adaptable.

Su nuevo Dios camina entre los mortales, participa de cada novedad y, con cada acontecimiento, varia su camino en la dirección correcta.

Un Dios amable, capaz de castigar a sus enemigos si es necesario.

Lo adaptan a cada época respetando la esencia. Escriben sus dogmas incuestionables, abiertos a las reinterpretaciones que hicieran más fuerte la organización. Se fragua un superventas inmortal; para toda la vida y la promesa del más allá inexistente.

LaRataGris.

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