Cuando Andrés escogió el camino de la magia nunca imagino que los magos de verdad eran reales. Es, claro, un secreto muy bien guardado. Fingen hacer trucos baratos para que nadie les señale y les obliguen a desaparecer para siempre.
Él ya era un poderoso mago, nunca el mejor, cuando fue convocado por el alto consejo de brujas y hechiceros.
-¿Qué puede haber de bueno en estas convocatorias? – intranquilo se plantó ante la enorme puerta grabada, respiró hondo y golpeó con la aldaba; dos golpes secos y una voz cavernosa le invitó a entrar.
El alto consejo miraba el infinito y hablaba sin mover los labios: «Bienvenido, mago»
Sólo un mago sin nombre.
Piensa -¿será una entidad cósmica capaz de destruir el universo?¿un ser que ha venido de Pícnic desde una galaxia lejana? o ¿unicamente es algo de mago que he hecho mal?
Respiró y miró a los ojos de la desesperación con la esperanza de que fuese la entidad cósmica, una crítica más lo destrozaría.
Aunque no era el mejor mago del mundo ¿para qué iban a llamarlo a él para enfrentarse a un pulpo interdimensional? ¿él? ¿el elegido?
Era agradable pensarlo pero tenia que ser realista.
-Buenos días- le saludó el consejo – siéntese por favor…
LaRataGris








[…] nadie recordaba ni una sola de sus actuaciones como mago. Andrés el grande, nunca fue el mejor prestidigitador. No destacaba ni por arriba ni por abajo. Llegaba hacia volar […]