Hay cosas que nunca cambian en el barrio. Un defecto es allí una virtud, o al menos un rango distintivo que nadie más posee.
Por eso a patitas de alambre le molestó oír hablar de una nueva a la que le habían reasignado su mote
– Yo llegué primero. Ya me llamabais así-. Se reivindicó- ¿Para que necesitáis otra patas finas? – intentó que otro apodo calara.
– Mira-le dijo Big Papito- Ella parece hecha de un alambre más fino y tú, con los años, has ido ganando peso. Claro que ella es pata de alambre.
– ¿Y eso en qué lugar me deja? – Lloró.
– No seas llorona, llorona – la rebautizó Sam el cojo.
– Yep – sentenció la Joven patitas – renovarse o morir.
Pero la llorona no quería cambiar, prefería recurrir a la magia.
…
La bruja vivía a las afueras del barrio.En primavera recogía hierbas frescas para hacer promesas de amor y alguna que otra poción que no tenía demasiada demanda. A veces venían a verla para que les dijera el futuro o para echarle mal de ojo a un jefe cabrón. La llorona apareció suplicando su ayuda.
– ¿ Tienes la lagartija ?- Preguntó la bruja.
– Me ha costado conseguirla-. Le dijo mientras le acercaba el bote de cristal donde el reptil arañaba las paredes asustado.
-Que rico – se relamió- Entonces ¿qué querrás por este manjar?
– Quiero ser menos pues engordé, lloré y otra ocupa mi lugar. Quiero tener las patas tan finas que casi desaparezca.
– Que delicioso – la bruja se relamía, saboreaba. se movió rápida y siIenciosa entre tubos, flores y ungüentos que mezclaba sin descanso-. Toma- le dio un vaso lleno -, no bebas demasiado de golpe.
La llorona lo vació de un trago, desapareció sin que nadie la echase en falta y, sin ella, sólo quedó una patitas de alambre.
– Delicioso.
LaRataGris







