Me alimentaba de esa ansiedad que no se paga ni se cura. Me faltaba solvencia para los sabios curanderos y, sin dinero, cada vez tenía más hambre de correr, de perseguir tranquilidad que dobla y aleja cada uno de mis pasos.
Me estaba cansando de esa paz heredada, de ese aparentar normalidad para evitar sus recetas de felicidad rápida y efectiva. Necesitaba sentir un poco de libertad para evitar seguir deteriorándome sobre los restos de una vida gastada.
Compré un cucurucho de menta y saboreé la cena que acababa de malgastar. El vendedor me trató como a un señor; me agradeció la compra, me deseo buenos días y me invitó a volver. Yo me alejé con la sonrisa y la calma de aguantar una semana más para poder volver a sentir los lujos de quien puede. Contador a cero y de nuevo alimentar la bestia intranquila.- Buenos días señor pequeño- y se que todo el que me saluda es envidia por que soy de la élite, un privilegiado que pueda prescindir de una comida para darse un capricho.
LaRataGris








Nosotros si que somos privilegiados…tu forma de escribir, tu forma de ver y sentir, apela a una responsabilidad que deberíamos tener también a flor de piel los demás…ofreces historias que son preguntas, que a veces duelen, pero que facultan, que aportan por lo menos a mi, la inspiración necesaria para trabajar en ese crecimiento interior…trabajar para convertirlo en un propósito y de él a una realidad!
Gracias Roci,
ojala todo el mundo dijese lo mismo para no tener que ir perdiendo las esperanzas…
Pos ya somos dos las ke pensamos así… asi ke imagino ke la esperanza podrá seguir creciendo un piskito más… y el ánimo… un abrazo ratita! </;)
Pues aún necesitamos a más que quieran crecer en esa dirección pero desde luego es un buen cominezo jejeeje