Aunque le atraparon los demonios, a pesar de la derrota, murió con una sonrisa. Abrazando a la mujer que le había sufrido, tranquilo y feliz. No escondía sus miserias, no se arrepentía de nada.
El velatorio, siempre para los vivos, para mostrar cariño, para decir estamos aquí, contigo; aunque nadie estuvo cuando ella lloraba su vida alegre.
Descansa más la que se queda que el que se aleja. Se acaba la rumba, enciende un ritmo caribeño con el que escapar de la tristeza que se le supone.
LaRataGris








Buen poema
Gracias. Jamás me hubiese imaginado que fuese un poema.