Se acercó en silencio, intentando que su respiración no moviera las moléculas de aire.
– El Observador- susurró su presa – modifica el experimento.
Si lo escucho hizo caso omiso. Agazapado continuó de cacería mientras el sujeto a estudiar fingía pacer en aparente tranquilidad.
Creo que no me ha detectado. Rasga sobre el papel, esboza una imagen del animal, su entorno; intenta reflejar todos y cada uno de sus detalles. Unicamente respira cuando cree haber capturado su esencia.
– El observador- vuelve a decir la cobaya justo antes de salir brincando.
Pero el observador no hace caso, ya ha obtenido su trofeo. Lo vuelca todo en un libro que ofrece al mundo.
Modifica a los lectores y estos no aprendan nada.
LaRataGris.








Y así vamos por la vida. . . Cobayos de diversos experimentos.
y cuando la cobaya no sirve…
Nos descartan.
Abrazo.
Que pena que las cobayas no tracen planes conjuntos.
Otro abrazo para ti.
Es cierto lo que decís, aunque sí lo intentan. Y este breve diálogo que surge de tu cuento lo prueba.
Re sugiero leer Josefina la cantora, de Kafka, que viene al caso.
Me alegro entonces de al menos ese intento. A ver si fructifica. Y gracias por la recomendación, me la apunto.