Adicta

31 octubre 2023

Lo que más le costaba de empezar una y otra vez era el nuevo grupo que siempre se encontraba. Presentarse, explicar su puta historia y recibir el apoyo a través de las mismas frases manidas de siempre.

– Ojalá -pensaba- esta sea la última vez.

Pero tenía una facilidad pasmosa para recaer en los viejos vicios.

– Creo que han sido dos semanas sin meterme nada pero, un día, hace dos días, tuve una caída, un día de meterme todo.

José asentía comprendiendo las palabras, las compartía. El ya era uno de los habituales, la única cara conocida en esta sesión.

Los otros irían volviendo.

Pocos conseguían quitarse para siempre y, de no ser así, aparecía gente nueva: nuevos vicios; el grupo nunca era pequeño.

Un abrazo colectivo, una ronda de ánimos, de explicar cada avance; los muchos retrocesos.

Su vida era levantarse y volver a caer: una rutina a la que sin darse cuenta se había vuelvo adicta.

LaRataGris