Pollito

2 marzo 2021

Pollito nunca fue el más grande pero tuvo su momento. La gente lo aclamaba, lo quería con locura. Al menos fue así durante el segundo en el que se consume la ilusión, todo lo que tarda en pasar un instante.

Cayó en un suspiro y él seguía con sus historias sin darse cuenta. Habían dejado de ir a los conciertos pero él salía dándolo todo. Presentó un recopilatorio de su primer disco, una grabación no oficial de un directo en el baño de casa.

– Tremenda acústica- Volvió a recopilar, esta vez con las canciones del primer recopilatorio y algún documental para explicar lo mucho que se amaba.

Su mayor logro fue vivir de un momento que había convertido en eterno.

Hubo quien le aviso con buenas intenciones, quien quiso meter el dedo en la llaga y a l que ni le iba ni le venía. Hizo oídos sordos a todos, mientras le quedase algún fan trasnochado que pagase las facturas sería suficiente.

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Tostadas mojadas

19 enero 2021

Pasados por agua

Hay poca gente que lo recuerda pero hubo una época en la que a los delfines se les llamaba tostadora. Todo el mundo tenía una en el salón de su casa; por estatus y por tener tostadas frescas cada mañana.

Colocaron enormes, aunque no lo suficiente, peceras para que no se les muriesen las tostadoras.

Metían rebanadas de pan por su espiráculo y, en apenas diez minutos, esperaban que estuviesen hechas.

Tostadora: dícese del animal acuático que permite hacer tostadas para desayunar.

El diccionario era claro en su definición pero un grupo de activistas pro-cereales comenzó a acusar a los mamíferos de no tostar bien. El propio animal dejó de saber como actuar. Se ahogaba con las rebanadas o, en el mejor de los casos, cuando conseguía sacar el trozo de pan, disparaba el pan mojado y sin torrar.

Una comisión de expertos en nada empezó a debatir en el congreso, llegando a la conclusión perfecta

-Que lo gestione el servicio el servicio técnico de la empresa comercializadora.

La empresa productora de delfines comenzó a recibir devoluciones hasta que el operario tres mil veintisiete abrió el aparato en busca de algún fallo.

-Sienten y lloran- la información se desplazó escalando puestos, como un reguero de pólvora, hasta caer en manos del director general -las tostadoras están vivas.

Quemó las pruebas y dio orden de buscar una nueva forma de calentar el pan. Pasaron por leones y moscas, mocos deshidratados, tostaron a martillazos, cualquier cosa que los mantuviera en la cresta de la ola. Hubo muchos fracasos hasta llegar al actual aparato que hoy habita en nuestros casas.

Epilogo:

Muchas tostadoras fueron liberadas, otras murieron sin ver nacer el sol. Las que sobrevivieron parecían gritar al fin, el ultimo animal encontrado, el delfín. El nombre fue calando en la sociedad, que no tenía ganas de complicarse más de lo necesario. Hasta hicieron por olvidarse de lo que habíamos provocado por demasiado tiempo.

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El gran conejo blanco

29 diciembre 2020

El día no podía empezar mejor. La noche se había consumido como la llama de una vela, escapando en aromáticas volutas de humo.

El gran conejo blanco se sentó a mi lado, saboreando la mañana. No teníamos prisa y el mundo, por un día, iba a ser un lugar maravilloso.

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Viento correcto

22 diciembre 2020

-¿Cómo se siente usted?- preguntó el presentador-¿Qué sensación tiene sabiendo que cuenta chistes que solo usted entiende?

-Comdard- respondió mientras saltaba sobre la mesa, esparciendo los papeles con el resto de preguntas por todo el suelo. Lanzaba puntapiés sin ton ni son, provocando un caos considerable.

Desconcertado, sin saber que preguntar o hacer, el presentador colapso.

La musculatura de su cuerpo laxó mientras la cabeza, totalmente independiente, comenzó a convulsionar enloquecida.

En riguroso directo los espectadores del plató, todos los espectadores, perdieron el oremus. El espacio tiempo se rasgó en una muy mala señal; las trompetas del fin del mundo. Bajaron ángeles vengadores, poderosas Valquirias precedidas del,(con respeto), sentimiento Wagneriano . El más allá se tragó la luz y el universo, tal y como lo conocemos, implosiono de una forma sorda y controlada. Todo se fue al garete porque un programa en Primetime no estuvo a la altura y, la gente, no supo reaccionar. Todo era demasiado absurdo y complejo como para ser verdad.

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Memorias de un pez cualquiera

15 diciembre 2020

La memoria de un pez octogenario se limita a los últimos segundos de vida.

-¿De qué estamos hablando?

Nada por instinto y responde preguntas como una flecha, sin apuntar.

No sabe más por viejo, no importa en la inmensidad del océano.

Tiene una revelación; el sentido de la vida se abre ante el como un libro mágico. Comprende cada uno de los engranajes que hacen girar el multiverso, descubre la fórmula que lo hará inmortal, la felicidad infinita.

Por un instante su rostro se ilumina y, un segundo después, de nuevo nada.

se pregunta “¿de qué estamos hablando?.”

La memoria son los pocos segundos que atesora y luego desaparecen arrastrados por la Corriente.

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Las guerras ecológicas

19 octubre 2020

la humanidad había desaparecido. Claro que había humanos paseando por las calles, fingiendo una vida normal, creyéndose humanidad, una palabra sin significado. No dejaban de ser un espejismo, un reflejo del pasado.

Todo cambio cuando el altísimo general, el vencedor de mil juegos de estrategia, asomo; con el uniforme impecable y correctísimas maneras, mirando todas las pantallas con la seriedad esculpida en el rostro.

-Son nuevos tiempos que requieren una respuesta contundente- repitió el moderno discurso caduco de siempre.

Hablaba, por supuesto, del Ardith 27; de estructura química perfecta, biodegradable, energético. Las cantidades que escondía el suelo del país, patria para los orgullosos de viento, convirtieron nuestra casa en pieza clave de la cacareada revolución ecológica, siempre a punto de estallar.

-Nos defenderemos del enemigo. No nos robaran, nosotros, los elegidos, salvaremos el planeta.

La guerra estalló al instante, sin posibilidad de victoria para nadie. El anuncio solo fue un preliminar de algo que se llevaba fraguando desde hacia demasiado tiempo.

Las guerras ecológicas las llamaran cuando su verdadero nombre era economía.

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No lugar

28 septiembre 2020

Se conocieron un invierno de melancolías. Él vivía ahogado por la tristeza mientras que, ella, tropezaba una y otra vez con la piedra de la pena.

No levantaban cabeza, por eso fueron, para el otro, una cama sobre la que dejarse morir.

Sin preguntas, sin condiciones; un abrazo escapó a la gravedad de la tierra y con lágrimas intentaron refrescar la fiebre del no saber donde estas.

-¿Me quieres? – arrastró la voz después de un tiempo.

– Apenas te conozco- la respuesta llegó dubitativa, sin que las miradas se atreviesen a cruzarse.

-Tenía miedo de que me amases más de lo que yo podía darte, hacerte daño.

Respiraron la ligereza de las palabras, la alegría del presente.

-Siempre es un viaje con demasiados puertos.

Así viajaron hasta un no lugar seco y seguro, donde ya nada podía hacerles sentir pequeños.

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La casa del gato

22 septiembre 2020

El gato, pequeño, atigrado, vivía entre la maleza, tras la chapa de un solar abandonado.

Allí no le faltaba comida, tenía un rinconcito en el que tomar el sol los días adecuados y una sombra bajo piedras mal colocadas de la última edificación.

Las ratas, también inquilinas del diminuto descampado, no estaban de acuerdo con compartir el espacio. Todas hablaron en una reunión, todas, pero no el gato que no estaba invitado.

-Se cree el dueño

-Nos utiliza de juguete

-Si se aburre de nosotras de un bocado nos come.

El animal no tenía muy buena fama entre los roedores, siempre persiguiéndolas por placer o por hambre. No les permitía estar en el rincón calentito, ni en al fresquito, ni jugar con la hierba gatera. se había convertido en el malo de la película, ganándose cada adjetivo con tremenda facilidad.

-Hemos de hacer algo- sentenció la rata más anciana justo antes de morir.

Apareció el gato dando por argumentos bufidos, arañazos y dentelladas. Disolvió el consejo y se lamió las patitas.

Una noche de verano una fuerte sacudida despertó al felino. Se había pasado el efecto del somnífero y el traqueteo de la caja hizo el resto.

Quince enormes ratas lo transportaban rodeado de madera, sobre sus fuertes lomos. Se habían entrenado para que sus patitas se sincronizasen en un solo movimiento. Respiraban con dificultad y orgullo.

Otra media docena las rodeaban esperando su momento. Erizaban la espalda sin perder el compás, siempre atentas por, si alguna del interior desfallecía, sustituirla.

Ninguna quería ser la primera en abandonar la formación. Tanto se esforzaron que el reemplazo fue catastrófico. Tropezaban las unas con las otras, cayendo y dejando caer la caja del gato que salió como una sombra por el hueco roto.

-i Retirada! -gritaron

Se esparcieron como habían ensayado, dejándolo solo y desorientado en la gran ciudad.

Los ciudadanos gritaron por las veintisiete ratas pasando entre sus piernas, saltando y riendo.

Aunque demasiado cerca del solar el gato, pequeño y atigrado, ya no vivía con ellas, intento volver perdiéndose demasiado bien.

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Vidas eternas

15 septiembre 2020

Nos reconocimos una tarde de invierno, fría y distante. Me acerque con la mirada penetrante, la seguridad por bandera.

-¿Te conozco?

-Compartíamos una vida anterior. Un recuerdo de hace siglos, olvidado hace tanto tiempo. Nadie nos impediría recuperarlo en nuevos pasos, volver a enamorarnos y repetir los mismos errores hasta que nada nos ate.

-¿Te conozco?- volviste a repetir con un hálito de ensueño, con la respiración entrecortada en la emoción del reencuentro.

-Dime ¿Me reconoces como yo a ti?

– ¡No!- helaste el sueño. Me bajaste de la nube con tu brusca sinceridad- No suelo juntarme con imbéciles.

-Se rompen los puentes, se hunden las naves que tu y yo…

-Callate ya, idiota.

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Fluyen épocas

31 agosto 2020

-Buenos días- así empezaban todas las reuniones.

Alberto entraba el último por la puerta, incapaz de comprometerse con una hora. Saludaba siempre con su sonrisa canalla y el grupo le devolvía su bueno días levantando una segunda cerveza, todos menos Irene que se removía intranquila en su cuarto café.

Eran reuniones rápidas, más como una excusa de verse una vez al mes, no tanto para concretar la línea editorial.

Se conocían de hacia tanto tiempo que sabían de que pie cojeaban, su amistad era suficiente para repartir los artículos a la intuición de cada cual.

-Ya no podré venir más -Anna rompió la dinámica -tengo trabajo nuevo y el horario…

Sabían que en algún momento les iba a tocar crecer y este instante parecía el adecuado.

-Busquemos otro día- nadie quería perderse en el mundo después de que la noticia cayese como un jarro de agua fría. El periódico los había atado emocionalmente pero no daba para comer.

-¿El lunes?- quien podía el lunes le era imposible el martes y el jueves Germán tenía rehabilitación. Saray repartía los fines de semana, Teresa quería pero su padre…su hermano solo podía quedárselo los viernes.

Quedaron en llamarse, en concretar otro momento y se fueron despidiendo como si ya no se fuesen a ver jamás.

Alberto siempre apuraba hasta el último segundo, nadie lo esperaba ni lo esperaría. Miró la mesa llena de botellas vacías, de papeles garabateados con sueños, se acababa una época.

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