Despedida

Las luces se apagan, acaba el concierto y los poetas se retiran a sus esquinas.

Quedan flotando algunas palabras y el público pidiendo otra.

Nadie sale y la petición se va apagando hasta que no queda nadie.

Es entonces cuando el rimador sale en oscuridad y recita un soneto para las arañas y cucarachas.

Aplauden los chinches, se emociona el viento, que se enreda silbando al pasar por los poros de la piel.

Como una canción desesperada, el silbido, también se apaga y se respira una vida pequeña o grande si se deja y quieres quererla.

LaRataGris

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