Adicta

31 octubre 2023

Lo que más le costaba de empezar una y otra vez era el nuevo grupo que siempre se encontraba. Presentarse, explicar su puta historia y recibir el apoyo a través de las mismas frases manidas de siempre.

– Ojalá -pensaba- esta sea la última vez.

Pero tenía una facilidad pasmosa para recaer en los viejos vicios.

– Creo que han sido dos semanas sin meterme nada pero, un día, hace dos días, tuve una caída, un día de meterme todo.

José asentía comprendiendo las palabras, las compartía. El ya era uno de los habituales, la única cara conocida en esta sesión.

Los otros irían volviendo.

Pocos conseguían quitarse para siempre y, de no ser así, aparecía gente nueva: nuevos vicios; el grupo nunca era pequeño.

Un abrazo colectivo, una ronda de ánimos, de explicar cada avance; los muchos retrocesos.

Su vida era levantarse y volver a caer: una rutina a la que sin darse cuenta se había vuelvo adicta.

LaRataGris


La casa del gato

22 septiembre 2020

El gato, pequeño, atigrado, vivía entre la maleza, tras la chapa de un solar abandonado.

Allí no le faltaba comida, tenía un rinconcito en el que tomar el sol los días adecuados y una sombra bajo piedras mal colocadas de la última edificación.

Las ratas, también inquilinas del diminuto descampado, no estaban de acuerdo con compartir el espacio. Todas hablaron en una reunión, todas, pero no el gato que no estaba invitado.

-Se cree el dueño

-Nos utiliza de juguete

-Si se aburre de nosotras de un bocado nos come.

El animal no tenía muy buena fama entre los roedores, siempre persiguiéndolas por placer o por hambre. No les permitía estar en el rincón calentito, ni en al fresquito, ni jugar con la hierba gatera. se había convertido en el malo de la película, ganándose cada adjetivo con tremenda facilidad.

-Hemos de hacer algo- sentenció la rata más anciana justo antes de morir.

Apareció el gato dando por argumentos bufidos, arañazos y dentelladas. Disolvió el consejo y se lamió las patitas.

Una noche de verano una fuerte sacudida despertó al felino. Se había pasado el efecto del somnífero y el traqueteo de la caja hizo el resto.

Quince enormes ratas lo transportaban rodeado de madera, sobre sus fuertes lomos. Se habían entrenado para que sus patitas se sincronizasen en un solo movimiento. Respiraban con dificultad y orgullo.

Otra media docena las rodeaban esperando su momento. Erizaban la espalda sin perder el compás, siempre atentas por, si alguna del interior desfallecía, sustituirla.

Ninguna quería ser la primera en abandonar la formación. Tanto se esforzaron que el reemplazo fue catastrófico. Tropezaban las unas con las otras, cayendo y dejando caer la caja del gato que salió como una sombra por el hueco roto.

-i Retirada! -gritaron

Se esparcieron como habían ensayado, dejándolo solo y desorientado en la gran ciudad.

Los ciudadanos gritaron por las veintisiete ratas pasando entre sus piernas, saltando y riendo.

Aunque demasiado cerca del solar el gato, pequeño y atigrado, ya no vivía con ellas, intento volver perdiéndose demasiado bien.

LaRataGris