Conflictos

8 enero 2018

Hay historias que parecen condenadas al fracaso, Perro y Gato lo sabían. No podían estar juntos por que se lo habían repetido una y mil veces con argumentos similares a los siguientes: “Los chuchos y los felinos sois enemigos acérrimos, tenéis que odiaros”. Sin embargo ellos disfrutaban de su mutua compañía. A Gato le gustaba cuando Perro se tumbaba a su lado, sin importarle cuando el otro le ronroneaba, mientras le mesaba el pelaje. Para ser más exactos le volvía loco y se enroscada un poco más para dormirse con la canción de cuna del minino.

A veces quedaban para tomar algo y charlar. Cada uno se pedía lo que más le gustaba en el mundo. Gato se decantaba por un helado de dos bolas, de limón y stracciatella, Perro horchata bien grande, de la que daba buena cuenta en apenas un segundo. No coincidían en nada más que en su amistad, su enorme amistad, que ninguna diferencia, por gigantesca que fuera, les haría perder.

Pero claro, esta historia, no habla de sus diferencias, que son todas. Permitdme explicaros de una igualdad que desconocían, una isemejanza terrible. Un día en el bar de burrito se acabaron los helados, no había más horchata, unicamente se podía pedir refrescos y solo de naranja- Que mala previsión, Burrito, eres como la cigarra del cuento.- le replicaron al unisono. Ellos jamas de los jamases habían tomado ninguna de aquellas bebidas azucaradas; ni de cola, ni limón, ni, claro, tampoco de naranja. Sin apetecerle demasiado se la pidieron esta vez por echar la tarde en la cafetería del Burro.

Fueron llenando sus cuencos hasta que acabaron con toda las existencias del bar-Solo queda una- dijo el camarero entre risas de pájaro de mal agüero.

Por desgracia el azúcar era muy adictiva en aquella remesa y los dos la quisieron a la vez.

Las peludas patitas de sucio gato callejero y Chucho sin pedigree se encontraren el frio cristal de la botella. Mantuvieron una tensa mirada y se les escapo una divertida sonrisa de complicidad. Ambos querían ser el que sirviera aquel delicado néctar al otro.

-¡Nooo!- gritó el burro encabritado-Sois Perro y Gato, sois enemigos, sois… Sois asquerosamente amables. ¿Es qué no sabéis comportaros como un buen cliché?¿De verdad vais a portaros con respeto y amistad? ¿De nada va a servir la trampa que os he tejido como si fuese una perfida araña?

Los dos amigos lo miraron como si vieran por primera vez a aquel animal que cacareaba como una gallina-¿Por qué..?- no llego a formular la pregunta. El can se quedo embobado, mirando la cremallera que colgaba a su espalda- Tu no eres un burro autentico ¿llevas un disfraz?- Entonces, igual que un zorro al que el granjero lo hubiere pillado con el cuello de un gallina entre los dientes, dio una voltereta en el aire, quitándose el traje a medio camino. Un hermoso ejemplar de unicornio los miró con los brazos en horcajadas, subido sobre la barra del bar .

-No puede ser- se sorprendieron los amigos

-Si- les cortó- Podría haberos fabricado muchos mas helados y horchata, incluso esa mierda de refresco, solo necesitaba usar magia. Pero he preferido gastaros esta broma pesada para demostrar cuanto os odiáis, así somos los unicornios. Pero vosotros…vuestra lealtad…

Pero no les interesó escucharle, ni siquiera se despidieron de aquella hiena. Salieron bien deprisa, buscando otra cafetería. Encontrarían una donde el Barman no estuviese loco y pudiesen charlar algo más tranquilos y, si no la localizaban, al menos darían un divertido paseo juntos por qué, aunque hay historias que parecen condenadas al fracaso, esta, no es una de ellas.

ElPerroPurpura : LaRataGris

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El gato Guasón

27 octubre 2017

Vivía en un árbol el Gato Guasón. No lo hacia por tener allí su casa, lo que sucedía era que se había subido pero no sabia bajarse.

Se alimentaba de las peras que daba el nogal y, si se posaba algún gorrión, contaba chistes malos hasta matar de risa a los pajarillos, luego se los zampaba de un bocado y se echaba una siesta.

Una cometa, que también se había quedado atrapada, le servia para recoger agua los días lluviosos.

Ya llevaba varias semanas así cuando vio pasar una niña y se dijo- Anda, pero si ahí abajo hay gente. Quizá puedan ayudarme- empezó llamarla con toda la fuerza que tenía- ¿Niña?¿eh,niña?- ella miró hacia atrás sin ver a nadie- No, aquí, niña – Entonces se giró para el lado contrario con idéntica suerte -No, niña, arriba- y miró hacia el cielo mientras se preguntaba si alguien podría vivir en las nubes- ¡Que no! – le gritó el gato desesperado- aquí, en el árbol.

-Ostras- lo vio al fin- ¿Qué haces ahí, gato?

-Me he quedado atrapado. Estoy harto de comer peras. Me gustaría tanto bajar y encontrar una tienda en la que me vendieran raspas de sardinas y huesos de pollo.

-Ah,- contestó ella- yo se donde hay una de esas- Y sin pararse a pensar salió corriendo, sin esperar al felino

-iEspera!- intento detenerla sin éxito- si no me bajas no podre seguirte- pero ya estaba demasiado lejos.

Pasaron unas horas, pasaron tres nubes grises y pasó un elefante a la altura del árbol- Oye- pensó el gato- podría subirme a su espalda aunque…si luego no puedo alcanzar el suelo no se sí algún pájaro se parara distraído sobre el paquidermo, para que yo me lo puede Zampar. Sera mejor que no me mueva de aquí, por si acaso.

Al rato apareció un niño -¿Joven?- llamó su atención-aquí. Él miró hacia atrás, hacia delante y a las nubes con la misma fortuna que su predecesora. Solo cuando miró al árbol vio al gato que, una vez más, contó su historia omitiendo, eso si, lo de la tienda, para evitar que saliera corriendo.

-Yo te bajare-le dijo el niño. Le dio a un botón que había en la corteza del árbol, esta se abrió y apareció un ascensor con el que subió al primer piso y bajó al gato que pensó:” anda que si llego a saber que había un montacargas”

Mientras volvió a aparecer la primera niña que mirando a la copa del árbol. Gritó- Gato, ¿gato?,que me he dado cuenta que me he marchado sin llevarte conmigo.

-No te preocupes- le hizo dar un respingo hablándole desde abajo -me ha ayudado este crío.

-Anda, Juanito, mi hermano

-Pues si no es porque lo dices pero si, si que desprendéis cierta similitud vital- apostilló – ahora solo me falta la raspa

-Yo se- le dijo y salio corriendo. Pero esta vez también estaba abajo y la persiguió. La alcanzó ya en la tienda, donde comió unas ricas raspas de sardina y estuvieron muy contentos. Bueno, todos menos Juanito que los vio salir disparados sin saber donde iban. El se quedo allí parado y fue feliz por otros cosas, aunque esa es una historia distinta que ya sera explicada.

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El gato rebelde

3 julio 2017

Imagínate que soy un gato, uno flaco por el hambre y los instintos felinos a flor de piel. Necesito cazar ratones y salir todas las noches de ronda por los tejados. Ya se, ya se, no soy un gato.

A ojos de la sociedad soy una persona. He de cumplir, por ende, con ciertas normas sociales: Explicar tonterías en grupo, sufrir espasmos musculares bailando la canción del verano, mirar tetas y culos porque como persona soy masculina, trabajar como esclavo,…

Pero imagínate por un segundo que soy un gato: gordo y peludo si quieres, ronroneando, erizándome si no me gustas, jugando con finos alfileres….soy un gato, me siento un gato, un gato que la gente se empeña en ver humano. Me encorseta, me obliga a lo que no soy y, si no me adapto, sacrifican al felino. Porque no hay ningún sitio en el que puedas ser un gato, aunque sea uno imperfecto o solo en lo privado, con disimulo,… uno contra la ley .

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castración emocional

16 agosto 2016

la castración emocional es una novedosa técnica, muy valorada por las empresas de este siglo. Aunque, en realidad, es tan antigua como el ser humano. Lo verdaderamente revolucionario es que actualmente se sirve de diferentes productos químicos que la hacen más efectiva.

¿Ha sentido alguna vez que odia su trabajo? ¿Qué estaría mejor en casa, con sus familiares y amigos? ¿Con su gato? ¿con su perro? o tal vez ¿en soledad? ¿siente que está perdiendo su tiempo en un trabajo repetitivo y sin sentido?

La castración emocional soluciona estos y otros problemas. Deje de sentirse una mota de polvo en el universo, sea esa mota y alégrese por ello. Sentir amor, odio, indiferencia,…olvídese de las necesidades y podrá avanzar en una profesión que, sin ser estimulante, no le invitara al suicidio. Viva como marcan los tiempos que corren. Sea un vegetal automatizado y crea que el futuro es multicolor. Castre sus emociones.

LaRataGris


Palabras terroristas

21 agosto 2014

palabras terroristas


La casa de Gato Viejo

19 mayo 2014

-¿ Gato Viejo?- me paso el día atenta a sus sigilos, siento como sus patitas flotan sobre mi suelo frío y suspiro si me hace cosquillas al respirar. A veces pasa como un rayo para acurrucarse sobre un ronroneo, seguro de que yo le protegeré.

Jamas me habla de sus saltos y caídas, tengo que leerlos en sus heridas. Cuento sus huesos rotos y los días que tarda en levantarse para imaginar su vida.

Cuando viene con la tripita caliente y el pelo lustroso, siempre a mediados de enero, se que ha estado en otra casa que lo ha mimado y querido tanto como yo. Ese día se que su sonrisa me es infiel y no lo puedo soportar- Gato Viejo es mio- Le quito su otro olor y le borro la risa dibujandole una aún más feliz.

De repente deja de venir y lo quiero matar, lo necesito abrazar y encarcelar entre mis cuatro paredes.-Gato Viejo- pero es como si alguien lo hubiese matado ya. Sin costillas por numerar, sin días por venir. ¿ en que tumba soñara esta noche?

LaRataGris

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La vida de Gato Viejo

10 marzo 2014

Para Gato Viejo la vida empezaba a ser demasiado parecida a un trabajo. Siempre en los mismos excesos, cumpliendo con cada hora, el estricto horario de las aventuras. A las doce salvar el mundo, a las tres encontrar el arca perdida, media hora más tarde fingir ser un gato duro de pelar y expulsar a los malhechores que pretenden envenenar el embalse de Sau, luego no tener descanso. Gato Viejo ya estaba demasiado viejo para tanto trajín, no le apetecía ni ir a casa de Marcel a tomarse su tazón de leche.

El balcón estaba a un salto de donde se encontraba. Miró la puerta abierta sin fuerzas para lanzarse, prefería quedarse tumbado sobre el tejado, con la lluvia calando cada uno de sus huesos maltrechos. Era una madrugada de tener demasiado frío, rodó sobre si mismo hasta chocar con una parabólica y allí se enrosco. Al día siguiente no dejaba de estornudar y todo su esqueleto temblaba, castañeteaba bajo su pelo ralo mojado. No podía ni moverse y no lo hizo.

-¿ qué te ha pasado?- acarició su columna vertebral la muerte- así no puedo mirar para otro lado, tendré que llevarte conmigo.

Gato Viejo maulló algo que sólo ella pudo entender. Lo cogió entre sus descarnados brazos con el cariño de una madre y se lo llevo hacía una aventura que aún no había vivido.

LaRataGris

Gato Viejo: guia de lectura