Los ojos que vieron el futuro

12 marzo 2009

Los ojos de Alicia, que miraban embobados la pantalla de un televisor rectangular, comenzarón a llorar con el anuncio de una O.N.G. que preconizaba el futuro.

– Hambre si no ayudas.- Decían en un tono melodramático- Deforestación si no colaboras…- Y ella decidió que nadie lo haría, que no salvarían la imagen del niño desnutrido que se ahogaba entre las moscas del tercer mundo.

Se arrancó los ojos al no poder parar el llanto, los escondió en una cajita de terciopelo rojo que enterró en el tiesto vació de un helecho muerto.

Las orejas de Alicia, que escuchaban ensimismadas el dolby surround del mismo televisor de antes, comenzaron a pitar dolorosamente ante otro espacio publicitario que pedía- No apartéis la vista hacía otro lado, ayudadnos.- Y creyó lógico que nadie pararía el berrido lastimoso del fondo.

Y, junto a sus ojos, depositó las orejas y la nariz que podía llegar a oler la mierda, las manos que palparon el esqueleto del hambre, el corazón que duele y las vísceras que se enervan con las injusticias … Se quedó en algo menos que poca cosa, un amasijo indefinido que ni tan si quiera podía imaginar un futuro mejor.

LaRataGris.


Optimista mal informado

9 noviembre 2008

Optimista mal informado


El pepino

2 septiembre 2008

Y de repente, amaneció un día en que un inmenso pepino había aparecido en medio de New York. Al principio algo que no me afectaba por que yo estaba cómodamente sentado en mi casa de Carcelona, a mogollón de kilómetros del problema. Pero claro las plantas crecen. Y, en un instante aquel vegetal enorme había invadido todas las calles y callejas de mi ciudad. La gente lo inmortalizaba como posesós, deseosós de ganar algún certamen fotográfico sobre cucurbitáceas. Tod?s pensaban que su instantánea obtendría el premio por retratar a la más grande y hermosa, aunque claro, siempre era la misma.

Como decía, Teníamos aquel gigantesco ser vivo por todos sitios, bloqueando algunas puertas y ventanas. Como a mi no me cortaba el paso fui por el pan que aún no había traído esa mañana. Por el camino recogí algunas cosas para una ensalada, el pepino era gratis, a pesar de que algun?s avispad?s le habían clavado cartelitos de se vende aún quedaban muchos cachitos libres.

Lo aliñe todo con su aceite, sal, la lechuguita, zanahoria y otros condimentos. Mientras me la comía puse la tele para ver si hablaban de mi plantita, bueno, la de tod?s.

Había llegado a todas partes, incluso a los parajes más recónditos del mundo. Sin hacer distinción entre países ricos y pobres. Al llegar había roto algunas cosas y la gente se sintió un poco molesta, pero se fue acostumbrando como a una de esas esculturas modernas que hoy día infectan las urbes. Además, había quien, después de mucho tiempo por fin tenía algo que llevarse a la boca. Y, quizás eso fuese lo peor que podía pasar. Lo dijo un hombre rubio, con barba; un americano, economista o algo así que sostenía la idea de destruirla- ási no devaluara nuestro dinero, de que sirve una sociedad basada en el libre intercambio si todo es gratuito.

El herbicida fue cosa de l?s salvador?s de la humanidad. Un retorno a la normalidad entre verde marchito. Y entonces, de repente, amaneció un día en que nada había cambiado y a nadie pareció importarle.

LaRataGris.


Penas ajenas

7 agosto 2008

Penas ajenas


Invisibles

9 mayo 2008

Invisibles