La casa del pueblo

19 febrero 2024

La antigua fábrica textil fue desmantelada en un suspiro. Sacaron los telares, despidieron a los trabajadores y el barrio perdió la poca promesa de supervivencia que le quedaba a la gente. Unicamente el impresionante edificio, bueno para nada, seguía en pie.

– Habrá que derruirlo- dijo el hombre del ayuntamiento.

– ¡No! – gritó el pueblo que no quería un nido de ratas como el resto de solares que iban apareciendo como calvas – Pedimos, exigimos, que se destine para uso del pueblo.

Y el ayuntamiento, con la mirada puesta en el horizonte de las cercanas elecciones, donó el recinto – Disfrutad del regalo , cortesía del partido Tal y Pascual.

Que giro inesperada cuando ninguna asociación lo quiso para alguna actividad bien intencionada y mal organizada. Cada metro cuadrado se destino a la gente que había perdido trabajo, la casa, la vida… Ahora tenían un sitio gratis en el que vivir y, entonces, el ayuntamiento, presionado por constructores y arrendatarios afirmó que eran mejores las ratas.

Echo a la gente, tiró el edificio y la especulación regreso al barrio.

LaRataGris


Pícnic solar

6 junio 2023

Nadie creía que Jeremías fuese a regresar la primera vez, al menos no vivo.

No importaba que lo hubiesen probado antes con animales, que se hubiesen realizado todos los cálculos pertinentes o se lo jurasen por la gloria del niño Esús. Nadie dudaba de que él no regresaría del pícnic solar.

La nave tenía que superar el violento aterrizaje; su traje, a prueba del fuego más abrasador, debía protegerle y, tras media hora en la superficie solar, tenía que conseguir arrancar el cohete y traerlo de regreso.

Algo tenía que fallar y, contra todo pronóstico, aquello fue un paseo sin incidentes.

La prensa cubrió ampliamente la noticia.

Primer ser humano en viajar al sol y regresar con vida, con pequeñas variaciones ese fue el gran titular de todos los medios de la tierra y, después, una página entera anunciando la venta de billetes para una experiencia única.

El único requisito era poder pagarlo.

Los pícnics solares se convirtieron en algo común para las clases que se podían permitir hacer sombra a los desposeídos. Era la realidad de unos pocos, el sueño de muchos.

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