Celebrando el statu quo

28 septiembre 2015

A estas alturas ya se ha escuchado todo lo habitual sobre las elecciones: la ingente cantidad de palabras que justifican la victoria de los unos sobre los otros, los discursos del bando contrario explicando justamente lo opuesto e incluso los perdedores sin paliativos celebrando una victoria pírrica.

Una vez más todos han ganado y se sienten legitimados para comportarse como niños pequeños, discutiendo en el patio del colegio por ver quien se queda con el arenero.

Pues señores, escasas señoras, me complace informarles que los gatos utilizan de retrete su objeto de disputa. Les deseo, de todo corazón, que cojan un buen puñado de tierra y se lo lleven a la boca con sorpresa incluida, igual que hacen esos niños de los que les hablaba.

Mucho me temo que poco ha cambiado bajo el cielo del imperio y, de producirse alguna transformación significativa, sólo servirá para que no cambie nada.

No hay tanques en la meridiana, señal de que todos celebran el statu quo, señal de que el proceso continua donde todos los partidos necesitan.

Con lo divertido que hubiese sido escuchar algo nuevo para y por la gente y lo aburrida que acaba siendo la política siempre.

LaRataGris

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Sabor viejuno

17 julio 2015

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Autistas

15 enero 2015

Autistas


El perdón del sordo

9 octubre 2014

el perdón del sordo


Grass graff

9 septiembre 2013

En verano todo parecía distinto. Las calles se llenaban de emigrantes intentando recuperar sus raíces por un mes. Sobretodo venían los catalanes, pero también de la capital, de la ciudad de málaga y uno de bilbo con su mujer y su salvaje. Al crio de la canija le encantaba aquella variedad, aquel mezclar acentos en una misma lengua. Los mayores siempre mantenían un aire andalú algo rebajado pero sus cachorros eran demasiado finos, hablando de rebeldía y trastadas. Ellos fueron los que le explicaron que en las ciudades estaban rompiendo las paredes a golpe de spray y rotuladores, que la gente que tenía algo que decir ya no lo hacía en papel, igual que los que solo se querían hacer notar. Aquel agosto empezó a firmar como Grass Graff con los nietos de la Francisca.

– Quédatelos- le dijeron al acabar el verano- en barna es fácil conseguir más colores y si quieres, cuando se te acaben, ya te enviaremos más botes.

El otoño puede ser duro en un pueblo de tres calles, donde el único adolescente que vive todo el año es un vándalo al que le gusta manchar todas las casas blancas. Los dedos saben bien a quien señalar y no se reparten las culpas. Así fue como se terminaron todos sus sueños grafiteros. Acalló los rotuladores y se dedico a los mulos como manda la decencia: los llevaba hasta el pasto, luego a la fuente y, por el camino, de vez en cuando, siempre que nadie mirase, como un acto reflejo, disimulando todo lo que podía, solo a veces pintaba alguna piedra del campo. Luego la giraba para que sólo pudiese verla la tierra y seguía con la vida que le sabía a poco.

También podía hacer un rallajo sin sentido, que no se molestaba en esconder por su apariencia casual. Era como si a un cualquiera se le hubiese caído un rotulador y lo hubiese recogido inmediatamente. El monte empezaba a llenarse de ellos como algo inocente, un descuido sin sentido hasta que te alejabas.

En invierno su obra estuvo completa. Solo era realmente visible desde una carretera secundaria. Conforme rodeabas la montaña se iban uniendo cada uno de los puntos en un dibujo imposible de describir con palabras. Primero solo una parte que iba cobrando forma conforme los vehículos zigzagueaban por aquellas curvas sin final, luego una explosión al ver el cuadro terminado. Innumerables fotos y vídeos intentaron dar una explicación de aquella montaña increíble, firmada por Grass Graff no tardo en conocerse como tal: la montaña de Grass Graff. Igual que pólvora encendida se fue extendiendo por el mundo de las redes hasta conseguir que artistuchos con ansias de maestros se acercasen buscando al genial autor. Había quien buscaba las rocas pintadas para cambiarlas de de sitio, añadía sus propios colores, querían ser parte de aquello o destrozarlo. No parecía existir la indiferencia y por eso las autoridades prohibieron el paso, cuantificaron, mediante las imágenes existentes, hasta la china más pequeña y convirtieron aquello en la octava maravilla del mundo.

En primavera el pueblo despertó de su sueño, la señora Encarna recordó el nombre que repitió en un pleno del ayuntamiento. -Si el hijo de la Canija nos pinta las paredes que le hicimos encalar…- querían aprovechar todo aquel turismo artístico que parecía generar tanto movimiento. Su vandalismo empezaba a cobrar otra dimensión, más digerible, integrado en el paisaje y por eso le pidieron que volviese a colorear el pueblo… Pero el ya tenía nuevos intereses, tenía que llevar los mulos más lejos por culpa de la cultura y pronto sería verano cambiándolo todo.

LaRataGris


El juego de las sillas

30 julio 2012

Cada noche la ciudad enemiga enviaba varios hombres, de lo más común posible, disfrazados de vándalos. Destrozaban nuestras sillas atadas a vallas y arboles para que la ciudad, mas inhumana que nunca, pudiese decir que tenia razón. Después se iban a su escondite para nada secreto, lleno de secretas.

Cada noche volvíamos a sacar nuestras sillas a la calle para tomar el fresco y vernos las caras mientras dentro, las televisiones, prohibían revoluciones. Veíamos pasar a los salvajes y, sin miedo, hablábamos y hablábamos hasta que era el sueño el que nos derrotaba. Rendidos dejábamos el mobiliario por el que nos habían quitado, para que lo pudiesen destrozar a su antojo.

Cada noche, casi desde que llego el nuevo alcalde, nos sentábamos a construir estrellas. Fue al poco de entrar en el gobierno; retiro los bancos de los parques para que no nos juntásemos la mala gente, nos tuvimos que sentar en el suelo y en los escalones por que los veranos son imposibles en nuestras casas-horno. Luego, como somos de la peor calaña que existe, nos cansamos del duro cemento y salimos a los portales en un clamor de cotidianidad por recuperar nuestras calles pero,…

Cada noche la ciudad enemiga….

 

LaRataGris


Gobiernos de colores

9 julio 2011

Cuando la URRSS cayó los buitres se lanzaron sobre sus restos. Para toda la prensa, para la opinión en general, era un fracaso del comunismo en toda regla. -El obrero es tonto y no puede gobernarse- esa parecía ser la conclusión lógica e incontestable. El problema era la palabra gobierno, el pueblo se dejo llevar como si fuese un capitalismo cualquiera.

De repente, el mundo conocido, aquel que los occidentales veneramos como único y verdadero, quedo en manos del capitalismo. Otro gobierno que a la larga también tendría que caer por su propio peso.

Curiosamente los síntomas de anquilosamiento, de pesadez e injusticia son los mismos, el sistema se rompe pero no tiene donde ir. Ha despreciado durante demasiado tiempo a su enemigo y al quedarse sólo sus mandamases no saben donde refugiarse. Por eso pretenden salvar su dinero, contratan arengas en los medios y gritan- no os preocupéis por vuestras ideologías, todas son respetables si trabajáis por nosotros, por nada… nadie dice que el capitalismo ha demostrado su propio fracaso por lo mismo que paso en el antiguo bloque comunista.

LaRataGris