Capital humano

12 diciembre 2016

Discutir del capitalismo con gente que no ha teorizado sobre sus devastadoras consecuencias es algo terrible. Son ciegos condenados a chocarse eternamente en una pequeña habitación. No han conocido vida real y por eso se empeñan en seguir construyéndose una enorme mentira en la que creerse vivos.

Cualquier argumento es rebatido, una vez se vean atrapados por la lógica acudirán al manido: la vida es así, o cualquier frase similar que, según ellos, lo justifica todo. Se te cae la tostada: la vida es así, se te escapa el perro: la vida es así, un ser del averno destripó al cabrón de tu marido e hizo butifarras con sus entrañas, la vida, evidentemente, es así, y en este caso se agradece que así sea.

El problema esta en que la vida no tiene por que ser así. Lo es cuando no tienes intención de mejorar y prefieres arrastrar a todo el mundo a tu absurda existencia para no ser el único amargado en la rueda.

A través de su ejercito de descerebrados anulan toda tentativa de cambio. Las alternativas son discretamente perseguidas para que aquí no pase nada, a veces incluso se las integra disfrazándolas de peligroso enemigo dispuesto a quitarte lo poco que tienes para que creas en algo mejor a lo que enfrentarte antes que al capitalismo.

Nos encierran en cárceles-trabajo para evitar nuestro pensamiento ocho horas, al menos ocho, al día. Así es como envejecemos sin crecer como personas, por que para unos pocos la vida es así, son parte del capital humano y saben estar muy bien en su papel.

LaRataGris

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Argumentos para los muertos

3 marzo 2016

Argumentos para los muertos


Siete ladrones

24 septiembre 2015

Siete ladrones, ¿diez? Comprenderás que sea vago en los detalles, que no de cargos o nombres pues, los siete, digamos el número al azar, tienen recursos suficientes como para que aparezcan pruebas de que no digo la verdad. Y yo no poseo suficiente capital como para defenderme de las mordazas.

La banda de los siete no tiene carácter organizativo. Son personas escondidas tras el paraguas de unas siglas, pero tanto les da pactar con este o aquel si eso aumenta sus ingresos. Viven el necesitarse sin quererse, el apoyarse sin comprometerse y a la vez están comprometidos. Juntos han saqueado lo que es de todos, se han ocupado de garantizarse un buen retiro de sus cargos políticos y a los siete se les ha de tratar de ilustrísimos, y es que así lo manda la ley que ellos mismos redactaron, la que me impide ir más allá de un número. Siete ladrones, ¿diez?

LaRataGris


Asamblea marina

14 febrero 2014

Asamblea marina


No todos los ciudadanos

4 diciembre 2013

No todos los ciudadanos


Ni borrón ni cuenta nueva

28 noviembre 2013

Ni borrón ni cuenta nueva


Olvido

5 agosto 2013

Rosa se pasaba la vida sentada junto al mar. Sobretodo si llovía, mejor si diluviaba y nadie se atrevía a salir de casa. Le encantaba mojarse en esa soledad y notar que se purificaba respirando el aire limpio de la lluvia. Las pastillas para el miedo eran cada vez más caras y prefería autoconvencerse de que el ritual de sentarse a ver las gotas golpeando el mar le servía de algo, le relajaba.

Apenas es un segundo, con suerte dos, y después su estomago rugía, se daba cuenta que estaba en mitad de la nada, empapada y sin dinero, añorando una pequeña dosis de verdadera paz. Pero sus temores ya no pasaban por la seguridad social. Entonces respiraba hondo bajo el agua, suplicando que por una vez funcionase la renovación, necesitaba olvidar y esa era la única forma que se podía permitir.

Ana no quiso notar la pendiente. El mundo era su mundo, el mismo de siempre. Es verdad que las cosas eran algo más caras, que su sueldo en cambio parecía disminuir y seguía teniendo hambre a las horas habituales, con la misma intensidad y voracidad. Le gustaba seguir comiendo, poder encender la tele, enfrascarse en sus programas chorras y olvidar que había empezado a tocar sus ahorrillos. No era mucho: un viaje que habría querido hacer, para el que aún no le llegaba y cada vez menos, un plasma un poco más grande…un goteo que le iba a permitir tener electricidad, comida y agua potable para un vasito esporádico. De vez en cuando se encontraba suplicando- que no surjan imprevistos- pero siempre había algo y, por eso, al final decidió quitarse de lo menos importante, su alimentación era insignificante comparada a todo lo que le daba el olvido.

Uri no era más que un reflejo pesado y sin fuerza. Parecía estar pero sólo era un objeto mientras su mente buscaba otro plano astral, un espacio más feliz. Ademas su cuerpo, su única ancla a la realidad, empezaba a marchitarse, se pudría no por la edad si no por la desesperación de tener que vivir en concentrados de tristeza. Cada vez que regresaba y su intelecto se llenaba de la carne fofa y flácida, cuando intentaba que una orden empezase a mover su carcasa se daba cuenta de que no le quedaba demasiado tiempo.

– Acaso,- pensaba- no inicie mi huida por eso mismo, por que no me quedaba nada, ni tan siquiera vida.- Aún sabiéndolo le resultaba desalentador. No quería dejar taras los buenos recuerdos pero, como tantos otros, necesitaba olvido. No era el único en el pabellón pero si el que llevaba más tiempo y su cama era un bien demasiado preciado, desde fuera esperaban para poder abonar lo que no valía ni un céntimo. Pronto tendría que regresar a casa o cumplir su promesa de desahuciado por el que ya no merecía la pena pagar nada, de cualquier forma el desenlace sería idéntico, necesitaba otra realidad.

Lorenzo abrió la ventana que daba al interior de su corazón y miró. Había tanta gente en el, incluso algunos que no reconocía, pero la vida fuera estaba demasiado complicada como para echarlos. Entró por allí mismo, como un ladrón al que no le pertenece su propia musculatura por que la tiene regalada.

A el lo reconocían todos, cada uno de ellos quería acercarsele para saludarlo. Si lo notaban algo perdido volvían a presentarse- Rafael, Amanda, Ursula, Laura, …- demasiados nombres que se hubiesen podido resumir en uno único, el nombre de los desheredados, a los que ya no les queda nada más que olvidar.

Allí eran felices y todos comentaban lo bonito y grande que Lorenzo tenía el corazón, aunque empezaba a ser difícil moverse en el, comenzaban a ser demasiados. Lorenzo intentaba ampliar sus cavidades, bombeaba más fuerte para que las paredes se extendiesen y apunto de la taquicardia siempre se decía que el no podía olvidar, demasiados muertos dependían ya de el.

LaRataGris