
Otra vez que se me hace grande la chiquilla. Sigh, siempre mi pequeñita, aunque le pese.

Otra vez que se me hace grande la chiquilla. Sigh, siempre mi pequeñita, aunque le pese.
De una forma extraña la vida continuaba deslizándose incluso a pesar nuestro. Sus mecanismos de defensa, al principio los creíamos inexistentes, se nos empezaban a antojar infinitos. No solo se defendía, más bien parecía un terrible ataque, lento pero eficaz.
Se había parapetado en las mutaciones, primero ligeras e inapreciables, sutilmente cambiaba nuestro entorno, transformaba nuestros cuerpos. Echábamos la vista atrás y ya no podíamos reconocernos. Al final de la guerra seriamos otra especie, habríamos extinguido a nuestros antecesores o moriríamos en el intento, claudicando a la vida. Este sería el reinado del Homo Mortuus.