Compromiso

23 enero 2010

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El manifestante solitario

1 diciembre 2009

Él se había sentado en mitad de la calle, donde hacía rato que ya había pasado la manifestación. Así que ni gente protestando ni policías lo molestaban, solo transeuntes paseando y esquivándolo como si no existiese.

Y nadie se hubiese dado cuenta de él si no hubiese sido porque un huelguista, amigo suyo, lo echó en falta.- Quillo!!!- le gritó- que estamos aquí.- Y, de repente, la masa reivindicativa, los cuerpos de seguridad se giraron al unísono para ver cómo declinaba la oferta.

– Ýa, pero prefiero protestar aquí sentado, creo que sera más efectivo.- Al escuchar aquellas palabras los líderes revolucionarios se subíeron por las paredes de sus chalecitos. Cogieron el teléfono y se llamaron entre ellos para ver si estaban viendo la misma noticia sobre su huelga y sí, ninguno daba crédito a lo que escuchaba, un disidente de la disciplina del partido.

En petit comité y con carácter de urgencia se decidió pedir disculpas a los dirigentes de la ciudad, que tan amablemente habían cedido un callejón sin salida para la protesta. Se envió una carta abierta a la prensa gritando muy fuerte que el manifestante solitario sería amonestado y, por último, una delegación se acercó hasta donde él estaba sentado para hacerle desistir de su actitud antidemocrática.

– Debería acompañarnos para que podamos seguir manifestándonos con total tranquilidad- le dijeron- piense que cuestionar la estrategia le hace un flaco favor a la causa, que nos costó mucho convencer a los opresores para que nos permitiesen este acto simbólico y mover a tanto oprimido es una tarea ardua y difícil. Por favor, no nos obligue a llamar a la policía por su comportamiento absurdo, no tiene los permisos necesarios para su lucha.

Pero no entro en razón, apelando a sus ideales, a la repercusión que estaba teniendo su actitud se sentó, si es que se puede, con más fuerza, como si echase raíces en el pavimento y esperó a que los manifestantes ortodoxos, junto a los perros del estado, vinieran a deslucir su protesta. No sirvió de nada. Las ostias cayeron desde todos los lados y, aunque dolían, eran más satisfactorias que ser invisible.

LaRataGris.


Esperando la película

24 mayo 2009

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