Condenados a la primera parte

14 julio 2015

Al final de los créditos de una película, con la última página de un libro, cuando las luces se apagan y la cabeza pensante que ha urdido todo aquello se va a dormir, la industria hace su balance de daños. Calcula los beneficios repartidos y se plantea la viabilidad de una segunda parte y en que condiciones.

Segundas partes nunca fueron buenas, salvo en asumidas excepciones. Hay que limitarse al esquema de la primera o alejarse tanto que pierde la esencia original. Por norma estamos condenados a escuchar una y otra vez la misma historia, a que nos la vuelvan a explicar. La clásica chico conoce chica, cambia al hombre, la mujer, ambos, dos muchachos, tres adolescentes, perro meet gato…mil variaciones según zona geográfica, target o número de calzado. La acción definida por el número de explosiones; siete patadas en el estomago, veintitrés puñetazos en los genitales y el bueno ganara parando balas con los dientes. Comedias de lo soez, alguna un poco más surrealista, que dramón que el género sea la excusa para aburrirnos una y otra vez, una y otra vez. Quizá si nos atreviésemos con otro principio, si tras los créditos se leyese un continuara para ahondar en la psique de los personajes, las motivaciones, su futuro. Dejemos las luces encendidas y que sea el artista, no el industrial, quien decida su rumbo. Que si en algún momento su corazón varia el ritmo pueda explicarlo y no sea sustituido por algún becario al que papa le da de comer.

LaRataGris

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Aire

28 julio 2011

Supongo que el anuncio llegó en el mejor momento. El aire en la ciudad estaba cada vez más viciado, era espeso y respirarlo te dejaba un poco muerto. Seguías caminando pero sin saber muy bien donde ir o que hacer.

Todas las emisoras parecían querer dejar patente que así era imposible vivir. A cualquier hora hablaban de la polución, la suciedad, los gérmenes y enfermedades que llegaban con el viento.

-Taratatata- sonaba constantemente la melodía- compra aire puro- repetían los altavoces de infinitas esquinas. El nombre de la empresa se quedaba flotando en la cabeza durante unos segundos antes de desaparecer, lo suficiente como para que pudiésemos salir corriendo hacía las tiendas con las ideas claras, las palabras grabadas. – Por favor, deme aire puro de Siluro S.A.-

En dos días se agotó las reservas de oxigeno prefabricado y, los que habíamos probado su pureza, temblábamos por una pequeña dosis para poder acabar con aquel mono insufrible. La fábrica lanzaba malos humos que lo empeoraban todo. La maquinaria producía más rápido de lo que podía, los ejecutivos se frotaban las manos pensando en como toda esa contaminación se transformaría en dinero. Los consumidores hacíamos cola a las puertas de la industria, seguíamos los camiones de reparto, agotabamos cada remesa más rápido que la anterior, como si el aire fuese algo vital que no podíamos conseguir de otra manera.Comprando aire

Cada vez mayor demanda, mayor producción… peores humos. Como el cadáver de un pez arrastrado por la corriente, nos dejamos llevar…

A nadie le extraño que nos intentasen vender el aire, siempre ha habido caraduras, pero que todos se lo comprásemos…

LaRataGris