El ingeniero

22 agosto 2016

La maquina había empezado a ir un poquito más lenta. Parecía tener los engranajes oxidados tras tantos años de buen servicio, como si estuviese a punto de morir.

-¡No puede parar!- gritó el operario dos mil treinta y siete -iLlamad al ingeniero!-

Encendidos por el terror en su voz todo el mundo comenzó a correr sin orden aparente, insuflados de un salvajismo descomunal. Con sus trajes reflectantes parecían rayos de luz sobre el fondo gris sucio, casi negro, de las paredes.

-iVamos!-, volvió a gritar,-si se detiene la fisión sera inminente.

-¿Dónde esta el ingeniero- el revuelo era generalizado- ¡Buscadlo! ¿¡Ramon!?- Repetían el nombre mientras el caos se apoderaba de los trazos luminosos. Se entrecruzaban dentro de la fábrica, removiendo cualquier piedra donde se hubiese podido esconder Ramón. No hubo suerte. El ingeniero estaba tan lejos en el momento que había previsto, que respiro tranquilo al ver la noticia de las muertes. Ya llegarían las explicaciones, decir que era inevitable y que el hizo todo lo que pudo por salvarse que, al fin y al cabo, era lo único que podía hacer.

LaRataGris

Anuncios

El hombre eléctrico

24 abril 2012

Lunes. Solo es una referencia de casualidad para el hombre eléctrico. Cualquier otro día hubiese hecho saltar la misma alarma. Se habría puesto en pie y con un delicado beso biomecánico le hubiera susurrado a su compañera- despierta, cariño. Es un referencia de casualidad precioso.

Esther se hace la remolona, deja correr el tiempo exacto para las caricias programadas en su amante y, justo después, se despereza mientras el prepara un nutritivo desayuno a base de naranjas, café y tostadas de mantequilla y mermelada de fresa.

Martes. Se repite.

Miércoles. El hombre eléctrico la despide desde la ventana. Sonríe y lanza un amor soplando sobre la palma de su mano.- Contaré cada segundo- y Esther desaparece mientras el se desconecta en el armario de la entrada, quiere estar perfecto para cuando ella regrese. Su mente de placas cerebrales flota inexpresiva entre tiempos cronometrados para saber cuando tiene que volver a la vida. Un calendario de experiencias le insinuá con que actitud reaccionar a su llegada: Hoy vendrá hundida por alguna payasada de su jefe. Recopila algunas baladas y su mente ordena al fuego que se encienda en la chimenea.

Jueves. Cada paso medido.

Viernes. Se despierta antes de tiempo. La casa parece un mausoleo, solo su vida sobrevive aunque no sea real. Busca el fallo del sistema que le ha hecho levantarse tan pronto pero, cuando lo encuentra, decide no repararse. Su carcasa se ha llenado de aire. Sin ordenes archivadas se limita a estar allí, mirando las paredes con la única intención de esperar a Esther. Cuando llega realiza todos los movimientos adecuados sin decir una sola palabra de su problema de conexión. Todo sigue igual.

Sábado. Ella se va y el sale del armario en cuanto escucha cerrarse la puerta.

Domingo. -Y si todos somos hombres eléctricos, incluso las mujeres- Busca conspiraciones en las horas muertas- solo la mitad son reales o puede que la humanidad se halla extinguido y nosotros repetimos sus acciones sin saber que le debemos obediencia a un fantasma.- En ese instante decide vigilar a su ama con frialdad calculada. Ella también se repite en cada referencia de casualidad, como el. Nunca intenta reprogramar algo fuera de lo común. Se Podría decir que sus dudas y pensamientos son algo mas humano que la misma existencia de Esther.

Lunes. Solo es una referencia de casualidad para la mujer eléctrica.

Martes. Se repite. Nada le hace sospechar del dulce autómata. Tan caballero como siempre, un calco de la promesa publicitaria- Venza su soledad por unas cuotas insignificantes- Se había llegado a sentir tan fea antes de conocerlo. Su mejor compra y, si algo había cambiado, era para mejor. Lo sentía mas lleno de vida, atento a todo lo que ella hacia, entonces ¿por qué no podía disfrutarlo?

Miércoles. La mujer eléctrica despide la sombra de la ventana.

Jueves. Cada paso medido. La referencia de casualidad no es distinta a la anterior. Como un ballet que ha sido ensayado por media vida; los arrumacos justos, las caricias pertinentes mientras vigilan sus espaldas.

El trabajo es un lugar aburrido, el sitio perfecto para que vuele la imaginación. Se sienta tras la mesa imitación a madera, huele el tacto de la misma y una sensación de normalidad la ahoga. Su vida se puede comprar en los mismos almacenes. – Molly- grita por el interfono- necesito la factura del hombre eléctrico. Quiero saber todo lo que compre ese día.

Viernes. Se despiertan antes de tiempo.

Sábado. El se queda y ella se esconde tras el ruido de la puerta del aerocoche. Espera un día entero, como si se hubiese ido a trabajar. Vigila las sombras de las ventanas, observa como el hombre eléctrico no parece hacer nada en concreto mientras olvida cargarse.

A su regreso la espera en el armario, con los ojos cerrados y los músculos distendidos. Se activa con su presencia y ambos se sonríen.

Domingo. Y si todos somos mujeres eléctricas?

Abril. El hombre de la compañía dibuja gráficas en la pantalla, determina el correcto funcionamiento de los humanoides y decide que vidas renovar. Al azar, escoge varias referencias de casualidad, revisa las familias, la programación y elige que nuevas realidades poner a la venta para quien se sienta demasiado vacío. Se encarga de preservar los valores de la sociedad, mantener el sistema gracias a la perfecta sincronizacion de las parodias. A su espalda un refrito de viejas series televisivas ayudan a mantener la moral alta. Selecciona en el catalogo varias ficciones policiales, las retransmitirán en hora de máxima audiencia para que algunos quieran borrar sus recuerdos, que se recreen en otra realidad mas adecuada. Los hombres y mujeres eléctricos necesitan pagar nuevos estímulos, no encasillarse en el mismo papel por toda una vida.

LaRataGris


El inventor de necesidades

23 enero 2012

Cuando el pájaro inventor imaginaba algún artilugio primero trazaba los planos, calculaba los costes, lo construía y, si era rentable, decidía para que iba a servir. Muchas veces, el prototipo, se quedaba en una complicada escultura de ingeniería mecánica, la copia de una copia que copiaba una copia existente de algo inservible y absurdo. Pero no se desanimaba, seguía soñando otros cielos llenos de maquinarias limpias y brillantes, al menos hasta conseguir algo de dinero y creerse demasiado importante como para construir sus castillos sobre las nubes.

Creó alas artificiales para aves, bombonas de oxigeno para respirar en una ambiente limpio y oxigenado… tantas locuras que le venían a la cabeza que se sugirió retirarse a pensar mientras osos especializados se encargaban del trabajo sucio. Enviaba los planos vía e-mail, administraba en una hoja de calculo y creía, desde su paraíso tropical, que, en aquel invierno, su fábrica de objetos raros sería la envidia de cualquiera con dos dedos de frente. Se sentía el creador por excelencia; se notaba rico, más que rico, nadando en la abundancia más absoluta y desmedida. Imaginaba que ya no tendría que seguir reinventándose, al menos  hasta que regresó en primavera a la tierra donde dormían sus piezas orgánicas. Una alfombra peluda roncaba por mil cabezas junto a la cadena de montaje. Hibernaban los muy vagos.- DESPERTAD- gritó enfadado- TENÉIS QUE PRODUCIR-.
Pero los osos; sean mecánicos, camareros o peones, tienen un pésimo despertar. Se levantaron hambrientos, con una única idea aporreando sus tripas vacías, con un sólo animal al alcance de las zarpas afiladas.

Por primera vez, el pájaro inventor, tuvo la necesidad antes que el invento. Pero no trabajaba bien bajo presión, no sabía como solucionar los problemas e ideo un aparato vete a saber para que y que no sirvió de nada, ni evitó que los plantígrados lo devorasen justo antes de volver a sus puestos de trabajo.

LaRataGris.


Flores artificiales

19 enero 2012

Flores artificiales


Aire

28 julio 2011

Supongo que el anuncio llegó en el mejor momento. El aire en la ciudad estaba cada vez más viciado, era espeso y respirarlo te dejaba un poco muerto. Seguías caminando pero sin saber muy bien donde ir o que hacer.

Todas las emisoras parecían querer dejar patente que así era imposible vivir. A cualquier hora hablaban de la polución, la suciedad, los gérmenes y enfermedades que llegaban con el viento.

-Taratatata- sonaba constantemente la melodía- compra aire puro- repetían los altavoces de infinitas esquinas. El nombre de la empresa se quedaba flotando en la cabeza durante unos segundos antes de desaparecer, lo suficiente como para que pudiésemos salir corriendo hacía las tiendas con las ideas claras, las palabras grabadas. – Por favor, deme aire puro de Siluro S.A.-

En dos días se agotó las reservas de oxigeno prefabricado y, los que habíamos probado su pureza, temblábamos por una pequeña dosis para poder acabar con aquel mono insufrible. La fábrica lanzaba malos humos que lo empeoraban todo. La maquinaria producía más rápido de lo que podía, los ejecutivos se frotaban las manos pensando en como toda esa contaminación se transformaría en dinero. Los consumidores hacíamos cola a las puertas de la industria, seguíamos los camiones de reparto, agotabamos cada remesa más rápido que la anterior, como si el aire fuese algo vital que no podíamos conseguir de otra manera.Comprando aire

Cada vez mayor demanda, mayor producción… peores humos. Como el cadáver de un pez arrastrado por la corriente, nos dejamos llevar…

A nadie le extraño que nos intentasen vender el aire, siempre ha habido caraduras, pero que todos se lo comprásemos…

LaRataGris