A plátano y eso…

8 agosto 2017

– Jugamos a ese que uno se llama Plátano y otro Lagartija Nick, hay unos malos que esconden un tesoro y lo tienen que encontrar los buenos- Este es el título de su juego favorito, lo dice de carrerilla, sin apenas parar a respirar entre palabra y palabra.

Dos de sus muñecos, un cilindro con ojos y un dragón antropomorfo, se enfrentan al interior de unos rollos de papel de Water a los que les hemos pintado cara de muy malvados, pero simpáticos. se adentran en el bosque, exploran cuevas que fabricamos con una manta de césped y viajan a la luna o marte en cohetes hechos con el mismo material con el que fabricamos a los enemigos.

En sus palabras-Esto está muy bien por que nos preparamos muy bien la historia y luego hacemos como si no supiésemos lo que va a pasar.

Lo malo es que acumulas muchos esqueletos del papel de water, lo bueno es que es infinito siempre que te quieras tirar al suelo a jugar. Otra opción es decirles que sólo juegan con maquinitas

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Viejos dioses

10 abril 2017

Los dioses, los pobres dioses, se aburrían en sus templos. Ningún humano les rendía culto, no inventaban épicas batallas en las que ellos eran los protagonistas principales. la eternidad empezaba a ser gris en los grandes salones del cielo.

Ellos tampoco estaban para grandes gestas, aunque inmortales eran lo suficientemente viejos como para solo vivir en los lejanos recuerdos, tantas veces explicados que ya eran bastante aburridos. Por eso organizaron un gran banquete, para volver a darse a conocer ante los terrestres. Los rapsodas, los bardos, que tuvieron el privilegio de ser invitados se encontraron con pieles arrugadas y frágiles huesos.

“Tiempos mejores vivieron los dioses”, escribió uno de ellos.”Cuando las maravillas se daban por supuestas y no había que ganarse el respeto. Con organizar un opíparo festín era suficiente para que se forjaran las leyendas con sabor a hidromiel. Que lejos se les ve ahora, que pequeñas sus proezas bajo la lupa de la razón”

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El artista incandescente

18 julio 2016

En la esquina de las sombras y orín habita el viejo artista de días mejores. Esta lleno de sueños vintage y no pierde la esperanza de que algún día vuelva a llegar su momento.

Pero cuando algún borrachuzo se acerca a mear, sin verlo, y despierta al calor húmedo de la micción se queda hundido.

“La vida”, piensa, “nos construye de miserias”

‘Ojalá”, escribe sobre losas sucias, “alguien me reventase a patadas, dejando que mi arte escape por las heridas abiertas. Que mi suerte llame a la puerta de mis deseos “

Pero no habla en serio porque hace tiempo que en el no queden historias que le interesen a nadie, ¿quien querría leer sus tripas en un sucio callejón de ninguna parte?

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Condenados a la primera parte

14 julio 2015

Al final de los créditos de una película, con la última página de un libro, cuando las luces se apagan y la cabeza pensante que ha urdido todo aquello se va a dormir, la industria hace su balance de daños. Calcula los beneficios repartidos y se plantea la viabilidad de una segunda parte y en que condiciones.

Segundas partes nunca fueron buenas, salvo en asumidas excepciones. Hay que limitarse al esquema de la primera o alejarse tanto que pierde la esencia original. Por norma estamos condenados a escuchar una y otra vez la misma historia, a que nos la vuelvan a explicar. La clásica chico conoce chica, cambia al hombre, la mujer, ambos, dos muchachos, tres adolescentes, perro meet gato…mil variaciones según zona geográfica, target o número de calzado. La acción definida por el número de explosiones; siete patadas en el estomago, veintitrés puñetazos en los genitales y el bueno ganara parando balas con los dientes. Comedias de lo soez, alguna un poco más surrealista, que dramón que el género sea la excusa para aburrirnos una y otra vez, una y otra vez. Quizá si nos atreviésemos con otro principio, si tras los créditos se leyese un continuara para ahondar en la psique de los personajes, las motivaciones, su futuro. Dejemos las luces encendidas y que sea el artista, no el industrial, quien decida su rumbo. Que si en algún momento su corazón varia el ritmo pueda explicarlo y no sea sustituido por algún becario al que papa le da de comer.

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Cambiar al escritor

15 septiembre 2014

Desorden. Recuerdo que sobre el teclado nada parecía tener sentido. Las letras no seguían una estructura lógica y comprensible, no formaban frases ni palabras, no buscaban la cadencia artificial del abecedario. Todas parecían dispuestas al azar: aquí una a seguida de una s, rodeada de q, w, z,… La barra espaciadora abajo, los acentos a la derecha, arriba números…todo era tan aleatorio y sin embargo, esa misma disposición, se repetía una y otra vez desde las antiguas máquinas de escribir hasta los ordenadores y periféricos más actuales. Sin manera de entenderlo, sin forma de cambiarlo, acepte su locura y deje que mis manos se familiarizasen con los caminos por trazar. Pasos pequeños fueron haciendo mía la distribución para que cuentos y absurdos aparecidos en la pantalla me descubrieran las maravillas que se escondían en aquel desorden. Así fue como mis dedos volaron sobre las teclas, borrando con su roce ciertas letras que se me iban enganchando primero en la yema y luego atravesaban la piel hasta viajar por mi sangre. Todo lo que iba apareciendo frase tras frase, las descripciones de la realidad, mis deseos más profundos se iban conformando y a la vez erosionaban mis aristas más superficiales. Escribir me transformaba en lo que quería ser a la vez que el mundo podía acompañarme en la peregrinación. Aquella maquina desordenada se había quedado muda, las letras eran yo y yo respiraba y expiraba historias que me obligaban a caminar con la rotación del mundo.

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La puerta intermitente

28 julio 2014

No siempre se abría. A veces era como una pared, con cerradura y picaporte eso si. En tantas ocasiones la abría para salir a la calle y ella daba a un patio andaluz, le llevaba a Groenlandia o al espacio exterior donde lo pasaba francamente mal sin la camisa de fuerza adecuada y con un vacío tan pesado que lo mataba.

De regreso no siempre acababa en su hogar, creo que eso sólo paso una o dos veces y para entonces ya no le pertenecía. Hombres simios la habían adquirido, por mucho menos de lo que el tampoco podía pagar y amueblada, en una subasta pública.

Un día, cualquiera que escojas estará bien, el señor agente, muy educado y extremadamente poderoso con todas sus armas legalizadas, llamó a su puerta intermitente para informarle que aquello que hacía era allanamiento de morada y que tenía que irse. A cambio, por supuesto, le regalo varias puertas recias con rejas que no sabían explicar historias. Siempre desembocaban en el mismo cubículo gris donde nada importa y ya nada se puede.

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Solitario en desorden

8 abril 2013

No había cuerpos, como si cada persona hubiese sido un sueño que desaparece al despertar. La ciudad, que si permanecía, era un desierto de construcciones en desuso. Entre ellas, Andres, se sentía el ultimo hombre sobre la faz de la tierra, caminando caprichosamente por donde le parecía más conveniente. En tres días había viajado de una punta a otra de la ciudad sin cruzarse con más supervivientes o, al menos, sus cadáveres. Las calles estaban perfectamente ordenadas: cada coche en su aparcamiento, se alejaban en coloridas hileras, las tiendas tenían las persianas hechadas y nada, absolutamente nada, parecía dejado al azar. Como si hubiese sido una huida bien planificada desde hacia años pudieron recogerlo todo, olvidándose unicamente de Andres, que parecía el único desorden en aquella soledad. El pobre recogía el aire buscando en sus susurros alguna explicacion. Pero no recibia más que silencio.- Mucho me temo- intentó darse conversacion para no volverse loco- que las cosas son así. Como cuando la vida era de otra manera y todos decían que no se podía cambiar aunque estuvieses triste.
– Tienes razón- le contesto el status quo- ahora formas parte de mi mundo y, como lo has comprendido, ya no te echare.- Y, así, la vida encajo exactamente como encajaba.

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