Uno, dos, tres…

12 enero 2026

Era aún pequeño cuando aprendió a contar. Podía agrupar hasta veinte objetos sin esfuerzo; llegaba a treinta si se concentraba. El treinta y uno, al principio, se le escapaba.

Como no sabía hablar nadie se enteró de su proeza.

Creció y creció también su habilidad. Claro que superó los treinta y seis colores de su caja de lapiceros, los trescientos sesenta y cinco días de un año pasaron mientras él contaba los granos de arroz de cada paella, la arena del desierto, el número de estrellas que veía: las que se le escapaban, las vivas, las muertas.

Contaba horas, minutos y segundos; los latidos de su corazón, su ausencia: cero y murió demasiado pequeño como para poder ser algo más que una estadística.

LaRataGris


Antonio solo enfermo

22 agosto 2012

Antonio fue un enfermo ilustre. Un muerto desganado del hacer, con la fama suficiente como para que no importase su apatía. Jamás sería un paria, -los despojos no tienen su sensibilidad ni su delicadeza al cantar con la voz rota-. Podía vivir de recuerdos, de amigos que no se iban ni en los momentos bajos en los que todos son una puta mierda- DEJADME MORIR EN PAZ -. Se quedaban incluso cuando su cuerpo quebradizo solo se podía mover para conseguir un poco de tranquilidad. La gente se acercaba como en una procesión queriendo elevar a su mártir. Movían sus piernas en la dirección correcta, rezando por que el roce desprendiese un algo de esa genialidad que se marchó al elegir suicidarse en cada risa, en cada fiesta.

-Antonio- le susurraban los otros muertos- ¿cuando vienes?- y siempre respondía tarde y-mas tarde, cuando nadie me aguante.

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